Rubinstein: el fenomenal Akiba!

Se suele adjudicar a algunos ajedrecistas el oficioso título de “Campeón sin corona”, cuando pese a sus sobresalientes actuaciones y merecimientos sobrados, no alcanzaron la cima absoluta. Paul Keres y Viktor Korchnoi se inscriben en ese rango de jugadores. Pero mucho antes que ellos, a principios del siglo XX, un polaco muy tímido y de humilde condición, se abrió paso a pura genialidad entre los grandes de su época y, sin ninguna duda, fue el primero en inscribir su nombre en esa categoría: Akiba Rubinstein.

(GERMANY OUT) Akiba Kiwelowicz Rubinstein - Chess player, Poland *12.12.1882-15.03.1961+ - International Chess Congress in Saint Petersburg with Emanuel Lasker (l, *24.12.1868-11.01.1941, Grandmaster , Germany) - 1909 - Photographer: Karl Bulla - Published by: 'Berliner Illustrirte Zeitung' 13/1909 Vintage property of ullstein bild (Photo by Karl Bulla/ullstein bild via Getty Images)
Emanuel Lasker y Akiba Rubinstein, 1909

Por Horacio Olivera
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Akiba, niñera, Frania y Artur en 1900

Akiba Kivelevich Rubinstein llegó al mundo el 1° de Diciembre de 1880 en Stawisky, Polonia. Recién siendo adolescente aprendió a jugar ajedrez y pronto comprendió que ese maravilloso juego iba a ser el centro de su vida. Deseoso de progresar y aprender, se trasladó a la ciudad de  Lodz, donde fue un activo jugador del club de ajedrez local, a cuyo mejor ajedrecista, el conocido maestro George Salwe, consiguió muy poco tiempo después empatarle un match y, para sorpresa de todos, ganarle otro en 1905. Consiguió así el reconocimiento de sus pares y a partir del año siguiente se lanzó, con excelentes actuaciones, a la arena internacional.

Hacia 1907 comenzó el definitivo despegue de su inigualable talento, con resultados espectaculares en competencias de jerarquía. Ganó el fuerte Torneo de Karlsbad ese mismo año (dejando en el camino a Maroczy, Leonhardt y Nimzovich entre otros), Vilna, San Petersburgo y Varsovia en 1909 y otra vez en Varsovia en 1910. Fue 2° en San Sebastián (donde derrotó a Capablanca, el ganador, en la partida individual) y de nuevo ganador en Karlsbad y Varsovia en 1911, siempre superando a los grandes jugadores del momento.

En 1912 alcanza el climax de su fuerza deportiva, imponiéndose en cinco certámenes de primera línea, destacándose entre ellos el clásico Torneo de San Sebastián, donde se impone sobre Nimzovich, Spielmann, Tarrasch y Marshall.

El juego de Rubinstein asombraba por su precisión y su alto concepto posicional. No tenía repertorio de aperturas demasiado extenso (tal vez en esos tiempos de elaboración de la teoría ningún maestro lo tenía), pero aportó muchas y valiosas novedades en los sistemas que practicaba y habitualmente superaba a sus rivales en el medio juego. Además, uno de sus puntos más fuertes era el manejo de los finales; en los mismos, hacía gala de un acabado conocimiento de la técnica, que aplicaba con contundencia y elegancia. Era (y es hasta hoy) unánimemente reconocido su arte en la conducción de los finales de torres, tan difíciles y complejos.

Ya por estos años, Akiba se había convertido en un candidato firme a desafiar al campeón del mundo, Emanuel Lasker. Sin embargo, las condiciones para transformarse en retador en esa época dependían de que el candidato pudiera reunir una cantidad de dinero y patrocinadores,  a satisfacción del campeón. Las pretensiones de Lasker eran altas y las negociaciones para la concreción de un encuentro recién llegaron a buen puerto en 1914. Pero, como pasó con tantos otros acontecimientos culturales y deportivos, el estallido de la Primera Guerra Mundial dio por tierra con las aspiraciones del polaco.

Al finalizar la guerra, Rubinstein acompañó con sus participaciones el incipiente renacer de la actividad competitiva en Europa y realizó algunas excelentes actuaciones, como por ejemplo ganando un match con Bogoljubow en Suecia 1923 y primeros puestos en Rotterdam 1920, Viena 1922, Hastings 1923 y Londres 1925.

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Bogoljubov vs. Rubinstein, Moscú,1925.

Sin embargo, ya no tenía la fuerza suficiente para aspirar a la corona del mundo. Su sistema nervioso se iba debilitando progresivamente y los primeros síntomas de esquizofrenia comenzaban a acecharlo. Se cuenta que a medida que la enfermedad avanzaba, Akiba comenzó a tener actitudes tan extrañas como, por ejemplo, levantarse de su silla inmediatamente luego de efectuar cada jugada y esconderse en algún rincón de la sala, para no ser visto ni ver a nadie hasta el momento en que su rival contestara.

Aunque todavía tuvo tiempo, casi sobre el final de su carrera, de obtener el tercer puesto en el impresionante Torneo de San Remo 1930, detrás de Alekhine y Nimzovich , dejando atrás a Bogoljubow, Yates, Spielmann, Maroczy y otros grandes, su padecimiento mental lo obligó a alejarse definitivamente de los tableros poco después y a recluirse en una institución psiquiátrica. Para empeorar aún este penoso estado, la situación económica de Akiba era deplorable, motivo por el cual algunos amigos debieron realizar colectas para solventar sus mínimas necesidades.

Este verdadero genio del ajedrez vivió, no obstante, muchos años más. Sobrevivió incluso al salvajismo nazi durante la Segunda Guerra Mundial, pues en su condición de judío estuvo a punto de ser enviado al campo de concentración de Auschwitz, pero su misma situación psíquica lo salvó milagrosamente.

rubin01Internado definitivamente en un centro asistencial en Bélgica, nunca se repuso y solamente su familia y algunos amigos ajedrecistas lo visitaron hasta sus últimos días.

Akiba Rubinstein, el primer campeón sin corona, fue un ajedrecista genial, que dominó por entero todas la fases del juego. Su herencia en forma de aportes en las aperturas (varios sistemas de Peón Dama, defensa Siciliana, defensa Nimzoindia, etc.), el eximio manejo del medio juego y un sin igual virtuosismo en los finales, lo han convertido en un maestro insoslayable para los estudiosos. Lamentablemente, y quizás debido a la cruel afección mental que lo afectó durante muchos años de su vida, no dejó escrita obra alguna. Pero allí están sus partidas, frescas, llenas de vida y enseñanzas, rebosantes de su talento incomparable.

Murió en Amberes, el 14 de Marzo de 1961.


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