Inventario del horror

Imagen prototípica de la invasión nazi a Polonia de 1939

Sergio Negri y Enrique Arguiñariz, de la colección Historia del Ajedrez Olímpico Argentino.

El 27 de enero de cada año se conmemora el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto.

Así lo dispuso el 1° de noviembre de 2005 la Asamblea General de las Naciones Unidas por Resolución N° 60/71.

La Segunda Guerra Mundial comenzó el 1° de septiembre de 1939, el mismo día en que se iniciaba la fase final del Torneo de las Naciones de Ajedrez que se disputaba por entonces en Buenos Aires.

En el primer libro de la colección Historia del Ajedrez Olímpico Argentino, de Sergio Negri y Enrique Arguiñariz, editado por el Senado de la Nación Argentina, se incluye un capítulo que está vinculado a esta cuestión.

Numerosos ajedrecistas europeos fueron exterminados, confinados a campos de concentración o sujetos a persecuciones, torturas y exilios, por imperio del terror reinante, en el marco de un conflicto bélico terrible que afectó a la Humanidad.

Valga este “Inventario del horror”, tal el nombre del capítulo del libro pre mencionado, como homenaje a cada uno de esos ajedrecistas que vieron tronchadas sus vidas en tan penosas circunstancias.

  • Inventario del horror: Ajedrecistas europeos que, de haber podido venir a Buenos Aires, hubieran evitado su trágico sino.[1]

Es que, como no podía ser de otra manera, y en el marco del terror imperante allende los mares, los ajedrecistas no querían o no podían regresar y, de hecho, los que habían quedado en Europa, sin haber podido participar del Torneo de las Naciones de Buenos Aires, no la irían a pasar nada bien, en particular los que tenían un origen judío.

El hecho de venir hasta estos lares en 1939, y luego la posibilidad efectiva de quedarse, podía constituir un salvoconducto del cual dependía la propia vida.

Najdorf confesó, muchos años más tarde, en un circunloquio que se dio en el Consulado de Polonia en Buenos Aires, sobre su angustia ante una situación que lo tuvo como protagonista, y por la que se sentía personalmente responsable, dada la ulterior muerte de un ajedrecista de ese país.[2]

La cosa fue así: Najdorf tenía asegurada su participación en Buenos Aires´39 antes del último juego del torneo de selección que se hizo en Polonia, pero su contrincante –también de origen judío- sólo podía conseguir ser nominado para el equipo olímpico, con el consiguiente viaje a Buenos Aires, en caso que le ganara a Najdorf. Entonces, la mujer de su rival, le pidió a la esposa de Najdorf que le sugiriera a su marido que se dejara ganar. Najdorf no accedió a ese pedido, el colega judío se quedó en Polonia, corriendo ulteriormente la peor de las suertes (los alemanes lo conducirían a un campo de concentración donde moriría poco después).

El cónsul polaco en la Argentina, testigo de ese relato, trató de consolarlo a Najdorf, argumentando que, si se hubiera dejado ganar, si bien su contrincante se hubiera salvado, quien en definitiva ocupó su lugar en el equipo que vino a la Argentina, al deber permanecer en Polonia en lugar de él, podría haber también perecido en condiciones parecidas. Se trató de un espantoso intercambio de roles que terminó siendo decidido en una partida de ajedrez en la que Najdorf ofició de involuntario  verdugo/salvador.

¿Habrá sido un consuelo, para Najdorf, saber que en sus manos, al jugar una mera partida de ajedrez, tuvo el poder, muy a su pesar, de decidir la vida de un compatriota?

 

En esta misma línea, no fueron menos trágicas las consecuencias debidas tras el armado de la delegación de Palestina, que se hizo sobre la base de jugadores europeos judíos, y donde Czerniak fue quien tuviera la responsabilidad del reclutamiento de sus integrantes. Este jugador rememora:

“Nosotros fuimos contactados por algunos bien conocidos jugadores judíos, quienes escaparon de sus casas debido a Hitler, siendo agregados al team de Palestina para alcanzar la Argentina de ese modo”.

Pero al elegir a unos, y consiguientemente no incluir a otros, Czerniak no estuvo a salvo del peor dilema que se le presentó en su vida (A Najdorf se le presentó al jugar una partida clasificatoria en Polonia, a Czerniak cuando escogió a algunos integrantes en vez de a otros).

La duda hamletiana, el clásico “ser o no ser” (o, en este caso, aún peor, la de permitir que otros “sean o no sean”), estaría inexorablemente presente en muchos momentos de aquellos ominosos tiempos.

Evidentemente Czerniak, en ausencia de posibilidad de impulsar una  competencia clasificatoria previa para decidir la composición del equipo de Palestina (país que al no existir como tal podía ser representando por jugadores judíos de cualesquiera de los países de Europa), al elegir a los integrantes olímpicos que la representarían, trazó una senda de hondo impacto personal tanto para los que fueron escogidos (que arribaron posteriormente a Buenos Aires pudiendo escapar probablemente de destinos trágicos) como para quienes no tuvieron la fortuna de ser seleccionados para abandonar un continente que pronto entraría en llamas (y que, como veremos más adelante, se llevaría la vida de numerosos ajedrecistas en situaciones extremas, particularmente de jugadores de nacionalidad polaca y origen judío).

Quedaron, por caso, afuera de la representación de Palestina dos austriacos: el viejo maestro Rudolf Spielmann[3] y Ernst Klein[4] quienes, no pudiendo venir a la Argentina, logran no obstante escapar a Suecia y a Inglaterra, respectivamente.

Pese a sus providenciales huidas, nunca se iba a poder saber si, en su franca expansión, las fuerzas nazis iban a lograr avanzar hasta los nuevos destinos. Y ello pesaba en la consciencia de Czerniak quien hubo de decidir quién se subía al Arca y quién no, embarcación con proa a Buenos Aires en la cual, evidentemente, no podía haber espacio para todos.[5]

En el caso de Spielmann, pese a su refugio en Suecia, no las iba a tener todas consigo. Más si vemos lo qué dijo Grau al respecto:[6]

“Spielmann pagaba la absurda culpa de ser judío, muriendo falto de recursos en Estocolmo”.

En fin, seguramente, y en circunstancias tan extremas, Najdorf, Czerniak (y tantos otros) hicieron lo que mejor supieron (y pudieron). Buenos Aires era un punto lejano de escapatoria y, muy excepcionalmente, de encuentro.

A este respecto resulta significativo el caso de dos personas que, al hallarse en nuestro país, llegaron a la conclusión de que eran hermanos (sin saberlo previamente, aunque, por supuesto presintiéndolo).

En efecto, J. Janowski había emigrado a la Argentina en 1919, desde su país natal: Ucrania, a los 25 años de edad. Su padre, que había permanecido allí, decidió partir luego a Canadá, llevando a otro de sus hijos,  Abe[7] Janowski (Yanofsky), que tenía 6 años cuando partieron a nuestro continente. ¡O sea que los hermanos no se conocían!

Abe, quien con el tiempo se convertiría en el más fuerte jugador de ajedrez de Canadá por muchos años, viene a Buenos Aires como segundo tablero, cuando contaba con apenas 14 años de edad.[8]

Su hasta ese momento desconocido hermano, al leer la lista de participantes, muestra su sorpresa decidiendo conocer a su tocayo. Y, quizás presuponiendo lo que sucedería, le enseña una foto de su padre a Abe, y este exclama:

“¡Él también es mi padre!” para, a continuación estrecharse en un abrazo.[9]

De quienes, quedando en Europa, sufren los embates del nazismo, están los paradigmáticos casos de los notables ajedrecistas David Przepiórka, Salo Landau y Endre Steiner (Su hermano, el no menos reconocido ajedrecista Lajos Steiner, lograría escapar de su país, terminando por exiliarse en Australia[10]), connotados representantes de Polonia, los Países Bajos y Hungría, respectivamente.  Todos ellos fallecieron en campos de concentración nazis.  ¡Y hubieran podido salvarse, y seguramente habrían integrado las huestes de la Argentina, en el caso de haber podido participar en el Torneo de las Naciones de Buenos Aires de 1939!

Przepiórka[11] fue apresado al estar presente en una reunión prohibida del Círculo de Ajedrez de Varsovia donde fueron detenidos por los alemanes todos los presentes, siendo ulteriormente víctima en una ejecución en masa perpetrada en el campo de concentración de Palmiry, hecho que ocurrió en marzo o abril de 1940, y donde también hallaría la muerte Stanislaw Kohn, ajedrecista polaco que jugó la Olimpiada de 1924.[12]

 

Landau,[13] después de estar más de un año escondido en la casa de Euwe, en septiembre de 1942 intenta escapar con su familia rumbo a Suiza, pero es capturado cerca de la frontera con Bélgica, siendo conducido a un campo de concentración en Silesia, donde fallece.[14]

Igual destino trágico le cabría al húngaro Endre Steiner[15] quien, a los 43 años de edad,  muere en un campo de concentración alemán, hecho que ocurrió en diciembre de 1944.

 

Su compatriota Kornél Havasi, quien murió en 1945 en Bruck/Leitha (Austria), debió oficiar en sus últimos años como fuerza de trabajo para los nazis.[16]

Aún peor fue lo del jugador checoslovaco Karel Treybal[17] quien, durante la ocupación de su país, fue arrestado en mayo de 1941, se lo acusó de posesión ilegal de armas y de apoyo a la resistencia, siendo condenado a muerte y ejecutado en octubre de ese año. Cargos falsos para un proceso llevado a cabo por la “justicia nazi”.

Imagen del campo de concentración de Auschwitz, Polonia (el gobierno nazi en ese país estaba conducido por un aficionado al ajedrez)

Jan Kleczyński, que había jugado también para Polonia en los Juegos de París de 1924, fue probablemente el primer ajedrecista en fallecer tras desatarse la Segunda Guerra Mundial, hecho que acaece a fines de septiembre de 1939 (y a pocos días después de que terminara el Torneo de las Naciones de Buenos Aires), en el marco de un bombardeo que sufrió Varsovia. Días después, en el mismo mes de septiembre de 1939, durante el sitio a Varsovia, también fallece el ajedrecista polaco Karol Piltz, otro de los integrantes de la delegación polaca en Las primeras Olimpíadas (oficiosos) de la historia,[18] tres de cuyos integrantes tendrían un destino tan trágico apenas 15 años más tarde.[19]

Varios jugadores olímpicos polacos corrieron igual trágica suerte.

En 1941 Henryk Friedman, doble representante olímpico de su país, en Varsovia´35 y en la oficiosa de Múnich´36, donde fue medallista de bronce y de plata a nivel de equipos, respectivamente, y consiguiendo una plata individual en la última de esas competencias,[20] halla la muerte, probablemente, en un campo de concentración nazi.[21]

E Izaak Appel (cuarto tablero en las Olimpiadas de 1933 y 1937, cuando obtuviera con su equipo una medalla de bronce en esta última oportunidad), al desatarse la Segunda Guerra Mundial, se desplaza a Ucrania, llega a jugar en Kiev en 1940 el campeonato soviético –en el que se impone Boleslavsky- para desaparecer en circunstancias desconocidas más allá de junio de 1941.

Leon Kremer, sexto tablero de Polonia en los Juegos oficiosos de Múnich´36, también figura como muerto en el marco del Holocausto (más precisamente en 1941). Y el séptimo de ese equipo, Henryk Pogorieły, fue muerto en 1943 en la cárcel de Pawiak, en Varsovia (bajo el régimen del General Governement conducido, ya lo veremos, por otro ajedrecista.[22]

Es que el ajedrez era un remanso distractivo, aún en el contexto de los sufrimientos a los que estaban sometidos quienes afrontaban las peores condiciones de vida posibles. Un hecho  habitual era que hasta en los campos de concentración se jugara al ajedrez. Improvisándose para ello tableros y piezas con materiales insólitos, como migas de pan.[23]

Imagen del tablero de ajedrez hecho con migas de pan de centeno usado en Auschwitz [24]

A estas muertes, atribuidas a la acción directa de los partidarios de Hitler, debe agregarse el caso de la múltiple campeona de mujeres Vera Menchik, quien fallece en el contexto del bombardeo que sufriera Londres, tema al que nos referimos en otra parte de este texto.[25]

Otro extraordinario ajedrecista que viera su vida tronchada en esos horrorosos años, y esta vez no por culpas de los alemanes, sino de los soviéticos, fue Vladimir Petrovs. Este jugador letón, venía en franco ascenso, a punto tal que había obtenido la medalla de bronce en el primer tablero en Buenos Aires´39[26] terminando la competencia invicto, con 8 triunfos (Mikénas, Tartakower, Czerniak y Grau, caerían ante el letón) y 11 empates (Alekhine, Capablanca, Keres, Ståhlberg, entre ellos).

Petrovs, previamente, venía teniendo asistencia perfecta en los Juegos desde 1928, había sido medalla de oro en el tercer tablero de 1931 y había incluso estado en los Juegos oficiosos de Múnich de 1936.[27]  Y venía de ser triple campeón de Letonia (1930, 1934 y 1937).

Su país, en esa época, ya lo sabemos, era prenda codiciada tanto por los alemanes como por los rusos.  De hecho en 1940 la URSS anexó Letonia. En ese contexto, Petrovs disputa el campeonato soviético, quedando décimo entre 20 jugadores.[28] En 1941 comparte la tercera colocación en el torneo en Riga por el campeonato de su país, y es segundo en el campeonato moscovita, repitiendo el año siguiente esa ubicación en el Nacional de Moscú y en el torneo de Sverdlovsk.[29]

Cuando los alemanes invaden la Unión Soviética el 22 de junio de 1941, no pudo regresar a su casa en Letonia, donde estaban su mujer e hijo. Permaneció en Rusia, siendo arrestado el 31 de agosto de 1942, acusado de “actividades contrarrevolucionarias”. Lo que había hecho Petrovs es haber cuestionado la ocupación soviética de su país natal. Es sentenciado a diez años de prisión, se lo traslada a un campo de labores correctivas, en lo que se conoce como Gulag (en la ciudad minera de Vorkuta cerca del polo ártico), muriendo en 1945 de neumonía, en la cárcel de Kotlas, Rusia.

Otra víctima del estalinismo fue el político Nikolai Krylenko quien, en julio de 1938, cuando encabezaba la asociación soviética de ajedrez, fue ejecutado en la gran purga del régimen de su país. Su juicio duró apenas 20 minutos, se lo hallo “culpable” e inmediatamente fue ejecutado.[30] También Alexander Ilyin-Genevsky es víctima del dictador soviético, ya que se cree que fue una de las tantas bajas por la represión estalinista en una de las purgas que hizo Stalin contra sus propios anteriores camaradas de lucha.[31]

Una figura que era una fuerte realidad ajedrecística de la época, y que tenía lo mejor para dar en un futuro que se presentaba más que promisorio, era sin dudas la representada por el fuerte excampeón moscovita (título alcanzado en 1932, 1933 y 1938, en este caso compartiendo la punta con el futuro monarca mundial Vasily Smislov) Sergey Belavanets. Pero troncha su carrera deportiva, y su vida, al caer luchando por su patria en la batalla de Staraya Russa en 1942, cuando los alemanes avanzaron sobre territorio soviético.

Antes de ello, Belavenets lograría incluso ser campeón de Rusia en 1934, y sería tercero en el campeonato soviético de 1939 (detrás de Botvínnik y Kotov). Muere antes de llegar a cumplir los 32 años de edad y, al momento de pasar a integrar las fuerzas militares de su país, ya era el jugador número 15 del mundo (entre mayo de 1939 y junio de 1940 según Chessmetrics).[32]

Por su parte Vsevolod Rauzer, joven jugador ruso, también muere trágicamente: a los 33 años perece cuando se produce el sitio a Leningrado en 1941.[33] Rauzer, que fue campeón de Ucrania en 1933, y que fue sexto en el campeonato nacional soviético ganado por Botvínnik en 1933, será por siempre reconocido por la variante que lleva su nombre de la Defensa Siciliana.[34] Había llegado a ser el jugador número 22 del mundo en noviembre de 1938 conforme Chessmetrics.

Del otro lado del mostrador” se puede consignar el caso de la muerte del jugador chileno-alemán Klaus Junge quien, siendo un jovencísimo oficial del ejército de su país, es muerto en una acción desarrollada el 17 de abril de 1945 en Welle, Alemania. Klaus era teniente y, al rechazar la rendición, fue asesinado por tropas aliadas cerca de la ciudad de Hamburgo, apenas a tres semanas de terminar la Segunda Guerra Mundial siendo, probablemente, el último ajedrecista en perecer en ella. El ajedrecista George Koltanowski sostuvo una teoría distinta: aseguró que Junge fue apuñalado de muerte en una pelea sostenida en un club de ajedrez. Pero fue refutado por otro jugador de ajedrez: Schmid, quien ratificó la tesis de la muerte en combate.[35]

También fallecieron por efectos de las acciones de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, los holandeses Arthur Wijnans y Arnold van den Hoek, y el alemán Heinz Nowarra. Se cree que Wijnans en 1945 fue afectado por un bombardeo de las fuerzas aliadas.[36]  Mientras que van den Hoek, con más precisión el 14 de enero de ese año, es efectivamente alcanzado por uno de esos ataques aéreos de los aliados, mientras estaba confinado para cumplir con trabajos forzados en una planta alemana. O sea que, podría decirse, este jugador tuvo el triste destino de ser una víctima de ambas fuerzas en disputa.[37] En cuanto a Nowarra, aunque algo imprecisamente, se cree que también fue víctima de un bombardeo por lo que sus días acabaron en ese año.[38]

Por su parte el croata Wolfgang Weil cae en un combate (y no precisamente ajedrecístico) en su país de nacimiento,[39] y el ex campeón húngaro Zoltán von Balla muere en un accidente de tránsito atropellado por un tanque ruso, en Budapest el 1° de abril de 1945.[40]

Sin llegar a extremos tan letales, el propio excampeón mundial Euwe,[41] quien se había quedado en Holanda sin venir a Buenos Aires en 1939, pese a su inmenso prestigio (que de algún modo le servía de escudo protector), pasó por muchas penas en aquellos años. Al haberlo amparado, hasta donde pudo, al antes mencionado Landau, se ganó la enemistad de los simpatizantes del nazismo, a quienes se opuso con gran valentía, por lo que fue objeto de acosos y del consiguiente temor hasta el propio fin del conflicto. Y en eso se diferenció, ¡y cuánto!, con la actitud más sombría asumida por el campeón mundial de la época: Alekhine.[42]

Otro ex monarca, Emmanuel Lasker[43] que, al decir de Alekhine, algo prescriptivamente, sería “el último judío en serlo”,[44] quien se había retirado de la práctica activa en 1931, fue desposeído de todos sus bienes en 1934. Emigró primero a Inglaterra, junto a su esposa, y más tarde primero a la URSS y luego a los EEUU, tratando de rehacer su vida. En 1938, a los 60 años tuvo que volver al ajedrez para poder comer, jugando, dando conferencias y enseñando. Pero, mayores ingresos habría de conseguir con un juego de naipes: el bridge. Halla la muerte en New York en 1941.

El exquisito jugador judío, el polaco Akiba Rubinstein, sufrió en sus 29 últimos años de vida una grave enfermedad mental (esquizofrenia y fobia a la gente y a la sociedad). [45] Si bien no está documentado cómo sobrevivió a la ocupación nazi, se especula que cuando la Gestapo lo iba a detener en Bélgica donde residía, comprobando sus frustrados captores su estado de salud enajenado, decidieron que permaneciera en el sanatorio, en el que estaba recluido.[46]

Algunos jugadores pudieron emigrar de sus países en los que se cernía la amenaza nazi, recalando en otras geografías más amables. Fue el caso, entre otros, del notable checoslovaco Flohr,[47] quien halló refugio definitivo en la URSS, tras un breve paso por Suecia. A poco de la invasión alemana a su país,  y pese a ello, en 1938 Flohr participa del fuerte torneo de AVRO, el cual es considerado el más importante de la época aunque, seguramente afectado por la situación por la que estaba atravesando, termina en el último puesto muy distanciado de los fuertes rivales con los que dirimió en esa competencia.[48]

Por supuesto que Flohr no estuvo en Buenos Aires al frente del equipo del Protectorado[49] de Bohemia y Moravia, ya que estaba buscando nuevos rumbos en la propia Europa. Su amigo Botvínnik intercedió en su favor para que terminara recalando en la URSS.

Y el que estaba por coronarse campeón mundial estaba por cumplir otro importante rol protectivo para uno de sus principales colegas. El caso es que Keres, quien a diferencia de Flohr sí fue de la partida en el Torneo de las Naciones de 1939 (al frente de su Estonia natal), a su regreso al Viejo Continente no las tuvo todas consigo. Es que durante la Segunda Guerra Mundial Keres participó de varios torneos en Alemania u organizados por alemanes por lo que, cuando el Ejército Rojo recupera la URSS, autoridades soviéticas planearon ejecutar a Keres. Se rumoreó que había muerto (así lo llegó a consignar la prestigiosa revista Chess Review). Pero lo cierto es que una vez más Botvínnik haría lo suyo, intercediendo ante Stalin para que Keres fuera indultado por el régimen.[50][51]

El notable jugador húngaro Andor Lilienthal, escapándole a la situación por la que estaba atravesando en su país, también se refugió en la URSS.[52]

Sería virtualmente imposible lograr consignar todos los casos de personas que, estando vinculadas al ajedrez, ya no en forma directa (como practicantes reconocidos del juego, cosa que hicimos previamente), tuvieron un sino trágico en aquellos años de horror. El ajedrecista no es una isla en la sociedad, lo que sucede en su derredor lo afecta, como a sus congéneres (sean ellos familiares, amigos o simplemente ciudadanos con los que comparten la lucha cotidiana de la existencia).

Pero, no queremos terminar este relato ingrato sin mencionar el caso del escritor austriaco Stefan Zweig, a quien hicimos referencia en la primera parte de este libro, que era muy famoso en los 20´ y 30´, años del siglo pasado a los que se refiere especialmente nuestra obra.

Zweig fue, en ese contexto, uno de los primeros en cuestionar al régimen nazi. Siendo un pacifista, ante la evolución de los acontecimientos, va emigrando de país en país hasta que termina en Brasil (llegó a la Argentina también donde dictó algunas conferencias y donde sería entrevistado por el periodista Bernardo Verbitzky).

En 1941 publica su “Novela de ajedrez”, considerada su obra más famosa en ese género, en la que explicita cómo un hombre desarrolla  una neurosis obsesiva debida al ajedrez durante su cautiverio en manos de la Gestapo. Ese trabajo, por supuesto, implica un fuerte cuestionamiento a la experiencia de Hitler, de la que no pudo desembarazarse, hasta el mismo momento en que dispuso el fin de sus días. Es que la obsesión mental reflejada en el principal personaje de ese libro, muy probable y desde ya que lamentablemente, permeó en términos de una extrema paranoia en el propio Zweig, quien adopta una decisión trágica estando afincado en Brasil en 1942 ya que, convencido de que el nazismo seguiría su avance triunfal por todo el orbe, decide suicidarse junto a su esposa.

La novela de Zweig, comienza del siguiente modo:

“A bordo del trasatlántico que a medianoche debía zarpar rumbo a Buenos Aires reinaban la habitual acucia y el ir y venir apresurado de la última hora. Se confundían y se abrían paso a codazos los allegados que acompañaban a los viajeros; los mensajeros de telégrafos, con las gorras terciadas, recorrían los salones como flechas, gritando tal o cual nombre; se arrastraban baúles y se traían flores; por las escaleras subían y bajaban niños movidos por la curiosidad, en tanto que la orquesta tocaba briosamente la música de acompañamiento de la deck show. Un poco apartado de ese tumulto, estaba yo conversando con un conocido sobre el puente de paseo, cuando a nuestro lado estallaron dos o tres agudos fogonazos de magnesio; algún personaje destacado había sido entrevistado y fotografiado, al parecer, instantes antes de la partida Mi acompañante miró hacia aquel lado y sonrió:

-Llevan ustedes un tipo raro a bordo, a ese Czentovic.

Debo haber revelado con un gesto harta ignorancia ante esa noticia, pues mi interlocutor agregó en seguida a guisa de explicación:

-Mirko Czentovic es el campeón mundial de ajedrez. Acaba de recorrer Estados Unidos, de este a oeste, interviniendo en torneos, y ahora se dirige a la Argentina, en procura de nuevos triunfos.…”.[53]

Frente a ese cuadro dantesco que se cernía en Europa, ante tantos detenidos, exiliados, muertos o amenazados, la Argentina era un paraíso en el que muchos podían permanecer, hasta que pudieran volver a sus países o, en algunos casos, donde incluso pudieran rehacer sus vidas. Para ello, en cualquier caso, debieron reinsertarse laboral, cultural y socialmente. En el corto plazo, y aunque la recompensa en algunos casos no pudiera ser mucha, siempre la mejor opción era  ganarse la vida jugando al ajedrez entre nosotros, y no volver a tierras que eran sin dudas yermas o peligrosas.

En cualquier caso, la influencia de los refugiados fue muy beneficiosa para el ajedrez argentino ya que no solo se produjeron naturales refuerzos por los jugadores que se nacionalizaron, sino que también se produjo un aumento en el nivel de exigencia en los torneos que se disputaban en el país, lo que trajo aparejada una mejora generalizada en la calidad del juego producto de la mayor competitividad.

Esta impensada herencia hizo que la actividad cobrara un impulso enorme en el país. La semilla sembrada, se retroalimentó con el producto de la propia evolución que estaba teniendo el ajedrez vernáculo.

La sinergia que se dio fue, entonces, magnífica y única en la historia. Todo terminó por germinar en los años 50, y principios de los 60, cuando nuestro país “florece” a nivel mundial, periodo en el que obtendría nada menos que cinco medallas olímpicas por equipos (tres de plata y dos de bronce).[54]

Y a este doble fenómeno, el constituido por los propios nativos en franco proceso de expansión (en cantidad y calidad) más el resultado de una inmigración tan cualificada, se sumó un tercer factor virtuoso: El caso de aquellos que, siendo extranjeros, y habiendo arribado al país desde Europa años antes de ese 1939, desarrollaron sus respectivas carreras ajedrecísticas aquí alentados por el influjo de un clima de época que resultaba por demás estimulante.

En este último terreno, uno de los casos más notables fue el de Hernán Pilnik, quien naciera en Stuttgart, Alemania. Su familia había venido a la Argentina a inicios de los 30, en busca de mejores perspectivas o, quizás, anticipándose a lo que sobrevendría en las tierras que se abandonaban.

Pilnik, quien se vincularía más tarde con buena parte de los jugadores europeos que permanecieron en Buenos Aires, se nutre de ellos,  convirtiéndose con el tiempo en un destacado jugador en las tres décadas siguientes, e integra el conjunto argentino en varios Olimpíadas, y con gran éxito, como consignaremos oportunamente. En ese tiempo llegaría a ocupar nada menos que  la posición número 12 del ranking mundial, en los meses de mayo y junio de 1945.

Historias de vida con orígenes de alguna manera similares a los de Pilnik, se presentan en los casos de los rumanos-argentinos  Bernardo Wexler[55] e Ion Iliesco[56] (arriban al país en 1932 y 1931, respectivamente); los alemanes-argentinos Franz (Francisco) Benkö[57] y Guillermo Holtey[58] (llegan en  1936 y 1931, respectivamente), y el letón-argentino-paraguayo Leonardo Lipiniks[59] (lo hace en 1928).

Un testimonio imborrable nos deja Benkö, con exactitud y dramatismo, reflejando lo que sentían estos expatriados, cuando en una entrevista que se le hiciera dijo:

“Cuando empezó la Primera Guerra Mundial yo tenía solo cuatro años. Mi padre había fallecido cuando yo tenía un año y medio, y mi madre murió cuando había cumplido 16 años. Sufrí hambre y frío; la falta de calcio me provocaba serios problemas en las uñas y los dientes, que se rompían fácilmente. Antes que estallara la Segunda Guerra Mundial, en 1936 decidí emigrar, teniendo en consideración la difícil situación en que se encontraban los judíos en Alemania en ese momento”.[60]

Estaba claro que, sea quedándose en 1939, o habiendo venido poco antes, el destino Argentina era una opción muy atractiva para tantos europeos que veían amenazados sus proyectos de vida en el Viejo Continente…


NOTAS

[1] Este capítulo, que en una distraída mirada podría considerarse como sólo muy tangencialmente vinculado al tema abordado en el presente libro, se lo incluye por dos motivos básicos: 1) Por su valor histórico intrínseco, que  permite reflejar hechos trascendentes que caracterizaron al ajedrez mundial en la época a la que nos referimos; 2) Por ser una proverbial prueba testimonial de las razones por las que tanto jugadores extranjeros, al cabo del Torneo de las Naciones de Buenos Aires de 1939, decidieron permanecer en el país.

[2] Seguimos en este punto el relato de Juan Carlos Gómez en su nota: “Witold Gombrowicz, Miguel Najdorf y Paulino Frydman”, en una de las denominadas “Gombrowiczidas”. En esa crónica no se sindica el nombre del ajedrecista polaco que pereció al no poder representar a su país en los Torneo de las Naciones de Buenos Aires.

[3] “El último rey del Gambito del Rey”, como se le conocía, por su afición a esta variante de la apertura. Spielmann, nacido en Viena en 1883, y muerto en 1942, tuvo una dilatadísima trayectoria, desde sus precoces años en los que deslumbró como niño prodigio Jugó más de 120 torneos y disputó unos 50 matches. En 1913 llegó a ser el jugador número 6 del mundo, detrás de Rubinstein, Nimzowitsch, Marshall, Tarrasch y Schlechter, y por delante de Alekhine, Lasker y Capablanca.

Spielmann, en Olimpíadas, representó en dos ocasiones a su país, en ambas oportunidades en el segundo tablero. En 1931 hizo 10 en 16 (5 triunfos, 10 empates y 1 derrota) y en 1935 alcanzó 9½  en 17 (5 victorias,  9 tablas y 3 caídas).

 

[4] Este jugador tuvo su mejor momento en contemporaneidad con el Torneo de las Naciones de Buenos Aires por lo que, indudablemente, debió haber sido parte del conjunto palestino. Es que ese año fue escolta, junto a Flohr, del torneo de Bournemouth, ganado por Euwe. Thomas, Landau y Mieses quedarían relegados.

En el año 1940, durante dos meses, Klein es el jugador número 45 del mundo. Incluso en esa nómina supera a Czerniak (primer tablero de Palestina) quien, por su parte, en abril de ese año, cuando queda en el puesto 46, alcanza su propia mejor perfomance histórica.

[5] La idea de usar esta parábola surgió a partir de la lectura de una nota de título más que sugestivo: “El Arca de Noé y el dilema de Czerniak”, en http://jewishchesshistory.blogspot.com/2009_12_01_archive.html.

[6] De hecho este maestro muere, en la máxima pobreza, como señala Grau, en Estocolmo al poco tiempo. Ello ocurrió exactamente en agosto de 1942.

[7] El nombre real de este jugador es Daniel Abraham siendo evidentemente Abe su apelativo.

[8] La actuación de Yanofsky en Buenos Aires fue excelente ya que concreta 13½ .en 16, con  12 triunfos, 3 empates y tan solo una derrota.

En la preliminar, en la temprana segunda ronda, el polaco Najdorf sería su único verdugo. En esa misma instancia cosecharía sendos empates con Thomas y Pelikán. Si bien su equipo no se clasificó a la Final A, por lo que estuvo en la B (menos portentosa), es notable que este jugador gane nueve juegos consecutivos en esta fase.  Pero no puede acceder al medallero ya que su equipo no participa de la instancia más competitiva. Pero, obviamente consigue la mejor perfomance en su tablero entre todos los jugadores de la Final B. La de 1939 fue para Yanofsky tanto su debut como la mejor actuación olímpica de su historia personal.

Luego volvería a participar en varias competencias de este nivel, recomenzando en 1954 (en el primer tablero que conserva hasta 1970) y terminando en 1980 (representando a su país en el tercer tablero, como venía haciendo desde 1974. En 1972 ocupó en cambio el segundo lugar).

Sería Yanofsky el primer canadiense en recibir el título de GM, lo que acontece en 1964, cuando obtiene la segunda norma debida a su desempeño en los Jugos Olímpicos de Tel Aviv de ese mismo año. Y fue el jugador número 31 del mundo en diciembre de 1946.

[9] En http://www.tabladeflandes.com/nuestro_circulo/Nuestro-Circulo-362-Carlo-Cozio.pdf.

[10] Lajos Steiner aprovecha un viaje a Australia en 1939 para radicarse en ese país, muriendo en Sidney en 1975. De esa manera logra quedar eximido de un destino trágico en lo personal, pero no evita que la peor de las suertes caigan en su padre y hermano (el propio Endre) quienes morirían en un campo de concentración nazi.

Lajos Steiner había tenido una destacada participación olímpica para Hungría previamente. Ocupó el segundo tablero en 1931 y 1933, el primero en 1935 y, de nuevo, el segundo en la Olimpiada oficiosa de 1936. Debuta con una medalla de plata en su tablero (con 12 en 17), prosigue con 7½ en 14 en 1933, hace 10½ en 18 en 1935, y se despide con otra medalla de plata individual (hace 15½ en 20) junto a una de oro por equipo, cuando Hungría se alza con la victoria en Múnich´36.   En su nueva patria es múltiple campeón e, incluso, tras la culminación de la guerra, retorna esporádicamente a Europa donde llega a competir en el Primer Torneo Interzonal disputado en  Saltsjöbaden en 1948, bajo la bandera australiana, el que es ganado por Bronstein y en el que L. Steiner tiene una discreta actuación ya que queda penúltimo entre 20 jugadores. Lajos Steiner llega a ser el jugador número 11 del planeta entre julio y agosto de 1937, cuando tenía 37 años. Probablemente, al quedarse en la menos competitiva Australia, su ascenso ajedrecístico quedó de alguna manera detenido.

[11] Przepiórka, quien era polaco, no llegó a integrar la delegación de su país en Buenos Aires. Y ya había estado ausente de ella en los dos Juegos anteriores (los de 1935 y 1937). Era un jugador de edad algo avanzada para el momento de Buenos Aires, ya que había nacido en 1880. Su mejor década había sido la anterior ya que fue el jugador número 15 del mundo en julio de 1929 y su ranking más alto (2.612) es de septiembre de ese mismo año. Cuando Euwe se consagra en 1928 en La Haya campeón mundial aficionado, Przepiórka, en su actuación cumbre, queda segundo (a solo 1 punto del vencedor). Fue el primer campeón polaco en 1926 y defendió los colores de su país en las Olimpíadas de 1930 y 1931 (medalla de oro con su equipo en el primer caso, donde fue el tercer tablero, obteniendo 9 puntos en 13, y de plata, en el restante, donde también jugó en el tercer escalón, aportando 10 puntos en 17). Fue, además, aunque ya sin jugar, uno de los principales organizadores de los Juegos de Varsovia de 1935.

En julio de 1929 Przepiórka alcanza la mejor posición de su carrera cuando es registrado por Chessmetrics en el puesto 15 del orbe.

[12]  Kohn allí tuvo un desempeño individual estándar ya que logró 6 puntos, 2½ (2 triunfos, uno de ellos ante Fernández Coria,  2 derrotas y 1 empate) en la preliminar y 3½ (3 triunfos, 1 empate y 4 derrotas, una de ellas con Grau) en la fase final por la Copa Consuelo.

[13] Landau no integra la delegación de su país en 1939 (tampoco lo haría el entonces el excampeón mundial Euwe). Se desconocen a ciencia cierta los motivos de esas ausencias (aunque se presume que el temor por el avance nazi algo tuvo que ver en ello), máxime que estos dos jugadores aparecen disputando un match por el título holandés en 1939, ganado por Euwe, evidenciando que bien hubieran podido (y debido) ser de la partida en los Juegos de la Argentina. Para más Landau en enero de 1939 conservaba su mejor posición en el ranking mundial, la número 42, la que ostentó por vez primera en enero de 1932. Landau, en las Olimpíadas, había participado en dos ocasiones defendiendo a su país adoptivo, Holanda (había nacido en territorio originalmente ubicado en el Imperio Austro-Húngaro, pero emigró a Rotterdam donde residía). Su debut fue en Hamburgo 1930, como cuarto tablero (5 triunfos, 7 derrotas y 3 empates) y luego participó en Estocolmo 1937 en el segundo tablero (5 triunfos, 2 derrotas y 8 empates).  Su mejor torneo fue Rotterdam´ 31 cuando se impone en el cuadrangular en el que también participaron Colle, Tartakower y Rubinstein.

[14] Probablemente su fin se dio en noviembre de 1943, a la temprana edad de 40 años. Su mujer e hija corrieron la misma suerte en Auschwitz, donde fueron “gasificadas” en 1944.

[15] Endre Steiner, quien venía jugando para Hungría regularmente en competencias olímpicas, simplemente no pudo estar en Buenos Aires ya que su país no participó de la prueba. Para peor en ese mismo año estaba atravesando por lo mejor de su carrera ya que entre julio y agosto ocupó, según Chessmetrics, el puesto 16 en el mundo (con un ELO de 2.644 en el segundo de esos meses), cuando superaba, por ejemplo, a Bogoljubow, Ragozin, Lilienthal y Petrovs.

Su derrotero en los Juegos fue meritorio. Debutó en 1924 en París donde fue parte del equipo subcampeón olímpico (en lo personal hizo apenas 2 puntos en 5 en el grupo 4 clasificatorio, aunque luego repunta en la fase consuelo con 5½ en 8, empatando con Grau en la última fecha). En otros juegos oficiosos, los de Budapest ´26, encabeza el equipo de su país que es campeón, oportunidad en la que obtiene 3 puntos en 6 con parejos 2 triunfos, 2 empates y 2 derrotas.

Ya en Londres´27, Endre Steiner forma parte del primer equipo campeón olímpico oficial, siendo el reservista, concretando 6 triunfos, 5 empates y 2 derrotas. Una nueva medalla de oro obtiene su país en La Haya´28 y E. Steiner es entonces el segundo  tablero, con 10 triunfos, 3 empates y 3 derrotas. En Hamburgo´ 30 vuelve a ser el suplente; su equipo es medalla de plata y él convincentemente logra 7 triunfos, 5 empates y 2 derrotas. En Praga´ 31 es el primer tablero (su hermano Lajos es el segundo) de un pálido conjunto húngaro que queda décimo; Endre allí hace apenas 6½ en 15. Tras sendas ausencias olímpicas en 1933 y 1935, regresa formando parte del equipo húngaro en el torneo oficioso de Múnich´ 36 cuando, en el tercer tablero, logra 11 triunfos, 1 empate y 6 derrotas, contribuyendo a un nuevo campeonato del conjunto magyar. Su despedida se daría en Estocolmo´ 37 cuando su país es medalla de plata y él alcanza por ver primera una presea, de ese mismo metal, a la actuación individual, ya que en el tercer tablero hace extraordinarios 14½  en 18 siendo superado por el norteamericano Kashdan, a quien incluso venció en esa oportunidad.

[16]  Havasi fue jugador 24 del mundo en diferentes 3 meses, la primera vez en 1913 la última en 1939, Havasi le dio todo a Hungría, país del cual fue campeón en 1922, sobre todo en Juegos Olímpicos. Hizo 6 en 11 en París´24, en su debut en esa competencia oficiosa, donde accedió a la final en la que terminó último. Luego, en el cuarto tablero, hizo 5½ en 8 en Londres´ 27; 10½ en 16 en La Haya´ 28; 12 en 14 (invicto) en Hamburgo´ 30;  8½ en 14 en Praga´ 31; ,8 en 12 en Folkestone´33, y 8½ en 15 en Estocolmo´ 37.  En el tercer tablero logró invicto 9 en 11 en Varsovia´35 y, en los oficiosos de Múnich´36, nuevamente en el cuarto tablero, volvió a quedar invicto consiguiendo 10 en 16. Asistencia perfecta en todas las competencias olímpicas, salvo en la de Buenos Aires donde su país no participó, para lograr, incluyendo los Juegos oficiosos de 1924 y 1936, seis medallas con su conjunto (tres de oro y tres de plata) y una en la faceta individual, de plata, lograda en 1935, donde concretó el punto más alto de su carrera.

[17] Integró la delegación de su país en las Olimpíadas de 1930, 1933 y 1935. En los dos primeros ocupó el segundo tablero, siendo su plaza la cuarta en el restante. En Folkestone´33 contribuyó a la medalla de plata que por equipos obtuviera Checoslovaquia. A lo largo de ellos hizo 22 puntos en 40  redondeando un rendimiento del 55%. Fue, por otra parte, campeón de su país en 1907 y en 1921. En 1925 llegó a ser el jugador número 15 del mundo.

[18] Polonia tuvo cuatro representantes en París. Además de Kohn, Kleczyński  y Piltz, de comprobado sino trágico, jugó allí Dawid Daniuszewski quien fallece en 1944 en fecha y circunstancias desconocidas.

[19] Pero, obviamente, estas muertes, siendo tan connotadas, no son las únicas de ajedrecistas caídos fundamentalmente por el nazismo. Sin pretender ser exhaustivos, están también los siguientes casos:

Junto a los de Przepiórka y de Kohn, son muertos, en una ejecución en masa, en el campo de concentración en Palmiry en marzo de 1940, los también polacos Achilles Frydman (se lo recuerda como un jugador bastante enajenado, a punto tal que en el torneo de Lodz en 1938 se presentó a jugar frente a Tartakower… completamente desnudo. Ya anteriormente se lo vio, siempre desprovisto de ropas, corriendo en un hotel al grito de: “¡Fuego!”. También Ståhlberg se quejó en una oportunidad ya que, vecino de habitación de Frydman en un cuarto de hotel, no pudo dormir toda la noche ya que su colega del tablero se la pasó gritando “Jaque” y “Jaque mate”. Achilles, cuya debilidad evidentemente no estaba en el talón sino mucho más arriba de su cuerpo, fue luego confinado a un asilo mental en Kocborowo, Polonia, antes de que fuera ejecutado por los nazis) y Moishe Lowtzky (o Lowcki, 22 del mundo en 1916 y un buen rival en aquellos tiempos de Akiba Rubinstein). Ese mismo año también mueren Moshe Hirschbein, en el gueto de Lodz., y el austriaco Arthur Kaufman (le ganó sendos matches a Reti y a Tartakower en 1915 y 1916, respectivamente) y el checoslovaco Max Walter (campeón de su país en 1923), ambos por culpa de los nazis.

Jacub Kolski (22 del mundo en 1935, año en que cumple en Lodz su mejor torneo cuando es tercero de Fine y Opocenský, delante de Tartakower, Winter y L. Steiner) e Izaak Towbin (uno de los dirigentes que suscribieron el acta fundacional de la FIDE en 1924), otros jugadores polacos, fallecen en 1941 en el gueto de Varsovia, el primero de ellos de desnutrición. Aron Zabłudowski muere cuando se prende fuego una sinagoga en el mes de agosto de ese año. Y se suicida ese año el polaco-francés Josef Cukierman, campeón del torneo de Moscú en 1920-21, de París en 1930 (con Tartakower) y tercero (de Capablanca y Rossolimo) en París en 1938.

Pero no solo jugadores fundamentalmente oriundos de Polonia habrían de ser las víctimas (y los nazis no siempre habrían de ser los victimarios) en esos aciagos años. El excampeón lituano Antanas Gustaitis (primer campeón no oficial de ese país en 1921) fue arrestado y luego asesinado en Moscú, hecho que ocurrió en 1941.  Gustatis, que era a la vez de ajedrecista brigadier general, modernizó la fuerza aérea de su país (como ingeniero diseñó 9 aviones de combate) que estaba enfrentado con la URSS.

También en la URSS pierde la vida el maestro Kalikst von Morawski, pudiendo ello haber acontecido ya sea durante la ocupación soviética en Lvov, ya sea por haber sido confinado en Siberia.

Volviendo a las víctimas directas del nazismo, está el caso del checo Emil Zinner halla su final. Zinner había sido medalla de bronce en el tercer tablero de los juegos oficiosos de Múnich´36, cuando concreta 14 triunfos y 1 empate y cae 5 veces; luego en Estocolmo´37 repite tablero  y hace otra buena actuación, con 9 triunfos, 4 empates y 4 derrotas.  Fue 35 del mundo en 1934 y, como comentamos en otro apartado, se impuso en la prueba abierta que se hizo en 1926 en contemporaneidad de las Olimpíadas oficiosos de Budapest.  En 1942 muere en el campo de concentración Majdanek.

Y en Auschwitz lo haría también ese año el polaco-francés Leon Schwartzmann (campeón de París 1926), quien llegó a ser el jugador 52 del mundo entre 1936 y 1937.

En este particularmente oprobioso lugar, pero un año más tarde (en 1943) mueren el germano-polaco Abram Szpiro (antes de ser arrestado fue segundo en el torneo realizado en el gueto de Varsovia en el que se impusiera Henryk Pogorieły y el belarús-francés Léon Monosson (quien es deportado desde Francia, cuya capital París lo había visto campeón en 1935,  hasta el peor de los destinos posibles: Auschwitz.. Ese año cae también el austríaco Heinrich Wolf (nada menos que el 11 del mundo entre 1906 y 1907). Su mejor torneo fue el de Hannover´ 02 cuando compartió el quinto puesto, haciendo 8 en 12. Allí ganó Janowsky y tomaron parte varias figuras de la época, entre ellas Mieses, Atkins, Pillsbury, Chigorin y Marshall. Wolf en 1908, acompañado por Simón Alapin, asiste a Emmanuel Lasker en su preparación para el match contra Tarrasch en Düsseldorf y Munich. Fuente: Nuestro Círculo, N° 327, noviembre de 2008.

En el año de 1944 se seguirían sucediendo las muertes: En Auschwitz, siempre en Auschwitz, perece el alemán Wilhelm Orbach (41 del mundo en 1928, su mejor torneo fue el de Giessen en ese mismo año, cuando se impone Sämisch, delante de Reti y otros), y en el gueto de Lodz hallan la muerte los polacos Dawid Daniuszewski, segundo de Rubinstein en Lodz 1906 y repite en 1907. En 1920 juega el primer campeonato soviético en el que se impone Alekhine y Salomon Szapiro (Schapiro) hace su último juego de ajedrez en el gueto de Lodz en 1944, cuando enfrenta al propio Daniuszewski.

Con este sombrío panorama, en particular afectando a ciudadanos polacos y judíos, queda claro por qué Najdorf, y tantos otros jugadores, decidieron quedarse en nuestro suelo, en presencia de este auténtico inventario del horror.

[20] En el primer caso hizo 7½ en 12 jugando en el cuarto tablero y en 1936 terminó invicto al ganar 11 partidas y empatar 9 en el quinto.

[21] Lo propio le habría acontecido a su casi homónimo, el maestro polaco Achilles Frydman.

[22] Pogorieły, poco antes de morir, confinado en el gueto de Varsovia, había ganado un torneo disputado allí en 1942.

[23]  Muchos años después, en otros campos de concentración ubicados en geografías demasiado cercanas, se recuerda que:

“Según las características del campo y de las guardias, podían hacer objetos con migas de pan con la capucha puesta, los que compartían un calabozo jugando cartas en silencio con naipes hechos en pequeños pedacitos de papel o interminables partidas mentales de ajedrez, se relataban o enseñaban cosas unos a otros cuando podían hablar; si existía un libro, como se podía leer sin moverse ni hablar sólo era necesario esperar una guardia permisiva…El trabajo, el juego, y con ellos la risa fueron formas de defensa del sujeto amenazado…”. La referencia, claro está, corresponde a lo que sucediera en nuestro propio país, en la Escuela de Mecánica de la Armada y otros lugares de detención y tortura, en tiempos de la última dictadura militar (Fuente: “Poder y desaparición: los campos de concentración en la Argentina”, Pilar Calveiro, 1998, Ediciones Colihue, p.111).

Para más, en el primer tomo de Historia del Ajedrez Argentino, José Copié identifica el caso de tres jugadores de ajedrez argentinos, del Círculo de Ajedrez de Villa Martelli, que fueron desaparecidos en esos trágicos años. Y el propio Copié fue víctima de persecuciones políticas en ese tiempo, como seguramente tantos otros ajedrecistas, tal cual lo refleja en un reportaje que le hiciera el periodista especializado Carlos Ilardo, en el que señala lo siguiente: “En 1972, a los 31, integraba la comisión directiva del gremio de FOETRA, colaboraba en la secretaría de cultura. En 1976 organizamos el XXII Campeonato Nacional Juvenil Argentino. Fue un certamen bárbaro que se adjudicó, el ahora gran maestro Daniel Cámpora. Pero el 24 de marzo de ese año se produjo el golpe militar que derrocó a Isabel Perón y cuatro días más tarde me secuestraron en mi domicilio”.

Como las vueltas de la vida terminan por ser del todo misteriosas, demostrando que todo termina por confluir en un único punto, y quedándonos con la parte más amable de ese tramo de un relato de connotaciones por cierto traumáticas, se da el hecho especial de que uno de los autores de este libro: Sergio Negri, fue precisamente el subcampeón de ese torneo ganado por Cámpora, el que fue organizado por el sindicato en el que militaba Copié.

Volviendo a la esencia del relato que abordamos en este apartado, y como prueba de que no estamos solos, en lo bueno y en lo malo, podemos asegurar que en la orilla de enfrente (como en otras partes de la región),  también sucedían cosas. Por lo que viene al caso el relato del Director de Cultura de la Intendencia de Montevideo quien, rememorando sus tiempos en los que estuvo encarcelado en su país expresó que, al compartir prisión con el a la sazón Presidente del Uruguay José Mujica, entre otros, estaban alojados en celdas separadas por muros que, al menos, les permitían conversar entre ellos. En ese contexto, aprovechaban para jugar al ajedrez, como parece ser usual en circunstancias tan extremas presentadas en cualquier parte del planeta. Y, relajadamente, recordó que, al discutirse sobre alguna jugada que era técnicamente imposible de hacer (incomprobable en ausencia de tablero disponible), el que el tiempo haría devenir como Presidente oriental cerró la discusión con un expresivo y sardónico comentario: “No juego más. Hablar con vos es como hacerlo con la pared” (Relato efectuado por Mauricio Rosencof en el Senado de la Nación Argentina, el 20 de mayo de 2010, en el marco del debate: “¿Qué queremos, qué podemos, qué debemos hacer con el pasado?”).

Una referencia premonitoria al horror que le aguardaría a muchos idealistas, que fueron desaparecidos en la última dictadura argentina, la hace el propio escritor Rodolfo Walsh, quien era ajedrecista y que, en esos ominosos años 70´ redacta, a un año exacto del golpe, el 24 de marzo de 1977, la famosa Carta a la Junta Militar que fue ilustrativa de los tiempos que se venían, a la vez que implicó su propia condena. Walsh, algunos años antes, en su famosa “Operación Masacre” (obra de 1957 a la que se considera iniciadora del género de ficción periodística), demostrando sus inquietudes ajedrecísticas, hace la siguiente glosa: “Recuerdo cómo salimos en tropel los jugadores de ajedrez, los jugadores de codillo y los parroquianos ocasionales, para ver qué festejo era ese, y cómo a medida que nos acercábamos a la plaza San Martín nos íbamos poniendo más serios y éramos cada vez menos, y al fin cuando crucé la plaza, me vi solo, y cuando entré a la estación de ómnibus ya fuimos de nuevo unos cuantos, inclusive un negrito con uniforme de vigilante que se había parapetado detrás de unas gomas y decía que, revolución o no, a él no le iban a quitar el arma, que era un notable máuser del año 1901”. Otra referencia al ajedrez que hace Walsh en ese libro, de índole menos combativa, es la siguiente: “…la primera noticia sobre los fusilamientos clandestinos de junio de 1956 me llegó en forma casual, a fines de ese año, en un café de La Plata donde se jugaba al ajedrez, se hablaba más de Keres o Nimzovitch que de Aramburu y Rojas, y la única maniobra militar que gozaba de algún renombre era el ataque a la bayoneta de Schlechter en la apertura siciliana”. Walsh hallaba, evidentemente, refugio en el ajedrez. Vaya sino este otro párrafo: “Después no quiero recordar más, ni la voz del locutor en la madrugada anunciando que dieciocho civiles han sido ejecutados en Lanús, ni la ola de sangre que anega al país hasta la muerte de Valle. Tengo demasiado para una sola noche. Valle no me interesa, Perón no me interesa, la revolución no me interesa. ¿Puedo volver al ajedrez? Puedo. Al ajedrez y a la literatura fantástica que leo, a los cuentos policiales que escribo, a la novela «seria» que planeo para dentro de algunos años, y a otras cosas que hago para ganarme la vida y que llamo periodismo, aunque no es periodismo”.

 

[24] En http://www.museumofworldwarii.com/TourText/Area07_Holocaust.htm. Se observa que el rey negro fue realizado representando en él a la figura del Führer por lo que los prisioneros, cuando usaban esta clase de juegos, y en el caso de los conductores de las piezas blancas, al menos tuvieron la posibilidad de ver inclinado al principal causante de sus males cuando lograban vencer a sus circunstanciales rivales.  Lo paradójico del caso es que siempre algún prisionero, al deber conducir las piezas negras, debía asumir la representatividad del ejército ajedrecístico conducido por Hitler. Pero, como la belleza del ajedrez y la pasión por el juego es más fuerte que todo, no creemos que ese eventual conductor se dejara ganar en cada caso, tratando de que el rey negro, sólo en el tablero de 64 escaques, no deba caer frente a la fuerza de las piezas blancas.

Una mirada complementaria, quizás más femenina, y por ello del todo esencial, aportó nuestra amiga María Inés (Maine) Martínez quien hizo notar que, en las penurias del campo de concentración, destinar las migas de pan a armar un tablero y las piezas de ajedrez evidenciaba, por si hacía falta, que no sólo de hambre material vive el hombre, aún en las circunstancias más extremas. En las durísimas condiciones del confinamiento en los campos de concentración, una vez más, los ajedrecistas preferían usar el centeno para armar el juego que los distraiga (y que les hiciera recordar la normalidad perdida y hasta alentar las vanas, en la mayoría de los casos, esperanzas de que todo pudiera llegar a cambiar) en vez de llevar esos mendrugos de pan a sus bocas seguramente hambrientas.

 

[25] Esa extraordinaria jugadora, antes de ser víctima fatal de un bombardeo nazi, lo había sido de otro que aparentemente no tuvo consecuencias físicas (ni a ella ni a nadie). Nos referimos a lo sucedido el 23 de septiembre de 1949 cuando los alemanes, al  atacar Londres, hicieron arder completamente al  National Chess Centre (Centro Nacional de Ajedrez) que era por entonces el mayor club de la especialidad del mundo con más de 700 miembros. Todo su contenido fue enteramente destruido. Este club había abierto 10 años antes en coincidencia con el Torneo de las Naciones de Buenos Aires y del inicio de las hostilidades en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Y Vera Menchik era la responsable de este Centro, que pudo ser reabierto en 1952.

[26] Luego de los Juegos del 39 Petrovs jugó un torneo en Rosario en el que se impuso por delante de Eliskases y de Mikénas. ¡Cuánto habría cambiado su vida de haber decidido prolongar su estadía en nuestro país!

[27] Sin contar la de Múnich, Petrovs hizo 72½ en 119 en las siete Olimpiadas oficiales en las que representó a su país, obteniendo 48 triunfos, 49 empates, y sufriendo 22 derrotas, para redondear un significativo 60,9% de los puntos totales. Comenzó en el tercer tablero en 1928 (repite allí en 1931), es segundo en 1930 y 1933, para terminar recalando en el primero en 1935. En 1936, ya instalado en ese lugar, hace importantes 13½ en 20 (67,5%, y al borde de obtener el bronce).

[28]  Se trata del duodécimo campeonato de la URSS en el que se imponen Lilienthal y Bondarevsky, delante de Smilsov, Keres, Boleslavsky, Botvínnik, entre otros. En ese fortísimo torneo, Petrovs hace 9 en 19.

[29]  Sucesivamente, ganados por Koblenz (futuro maestro de Tal), Mazel, Bondarevsky y Ragozin.

[30] En un país en el que parecía por aquel entonces que era inescindible la política del deporte, Krylenko llegó a afirmar: “Nosotros debemos terminar de una vez y para siempre con la neutralidad en ajedrez. Nosotros debemos condenar de una vez y para siempre la fórmula ´ajedrez como un fin en sí mismo´, igual que la fórmula ´el arte con fin en el propio arte´. Nosotros debemos organizar brigadas de choque de jugadores de ajedrez, y comenzar de inmediato a llevar a cabo un Plan Quinquenal de ajedrez” (Traducción propia de la siguiente frase: “We must finish once and for all with the neutrality of chess. We must condemn once and for all the formula “chess for the sake of chess”, like the formula “art for art’s sake”. We must organize shockbrigades of chess-players, and begin immediate realization of a Five-Year Plan for chess”).

[31] Sin embargo Botvínnik sostuvo la versión oficial de que este jugador había sido víctima de un raid aéreo de los nazis o, en todo caso, que había caído cuando el sitio a Leningrado. La cosa era, evidentemente “echar las culpas afuera”.

Ilyin-Genevsky fue uno de los fundadores de la Escuela de Ajedrez Soviética, integró la Vieja Guardia Bolchevique, fue militar, historiador y diplomático. Además organizó en 1920 el primer campeonato soviético y, en 1933, el match Botvínnik vs. Flohr. Fue, asimismo, tres veces campeón de ajedrez de Leningrado. Estaba claro que, a pesar de todas esas credenciales, no iba a quedar a salvo de la furia del dictador soviético.

[32] Siguiendo su huella Liudmila, hija de Belavenets, se iría a consagrar campeona mundial de ajedrez por correspondencia entre los años 1984 y 1992.

[33] También pereció durante ese sitio, en el contexto del avance de las tropas nazis sobre la Unión Soviética, Boris Koyalovich (y, según la versión oficial, también Alexander Ilyin-Genevsky, aunque eso no sería cierto tal cual se destaca en otra parte de este trabajo). En ese mismo marco, pero un año más tarde, hallaron la muerte los rusos Samuil Vainshtein (Weinstein), antiguo editor de la revista Shakmatny (Shajmati), y el problemista Leonid Kubbel. Respecto del hermano de éste, el también ajedrecista Arvid Kubbel, las autoridades soviéticas dijeron que también había muerto en esa oportunidad cuando, en rigor había perecido tras ser confinado en el Gulag soviético. Por ello hay versiones encontradas sobre la fecha de su muerte que algunos ubican en 1938 y otros en 1941. En 1942, siempre a raíz del sitio a Leningrado, fallecen Alexey Troitzky (de desnutrición) e Ilya Rabinovich (quien es evacuado de Leningrado muriendo también de desnutrición en un hospital en Perm, Rusia).

[34] Nos referimos a la Variante Richter-Rauzer (también conocida por Ataque Richter-Rauzer). Richter, jugador alemán, fue el primero en emplearla, aunque sería Rauzer quien profundizara los conocimientos teóricos sobre ella.

[35] Junge nació en Concepción, Chile. Era hijo de un fuerte jugador alemán que salió campeón del país trasandino en 1922. Toda la familia regresa a Alemania en 1928, convirtiéndose Junge (padre) en miembro del partido nazi en 1932.

Junge (hijo), ya a los 17 años de edad era considerado uno de los más fuertes jugadores de este país, llegando a ganar en 1941 el torneo de Hamburgo y compartir la punta del campeonato alemán (aunque perdió el desempate con Schmidt).  En el segundo torneo del General Government de Polonia, realizado en octubre de ese año, sale cuarto, detrás de Alekhine, Schmidt y Bogoljubow. Al año siguiente, en esa misma competencia, queda segundo solo, detrás del campeón Alekhine. Ese mismo año gana el torneo de Dresden,  queda tercero empatado con Schmidt en el torneo de Salzburgo (detrás de Alekhine y Keres), y es séptimo en el primer torneo europeo que se disputa en Múnich. A fin de año empata el primer puesto con Alekhine en Praga.

La vida parecía sonreírle, el horizonte se mostraba ilimitado ¡Y contaba con apenas 21 años de edad! En ese momento mágico acabó todo para él (y se perdió a una fulgurante figura que asomaba en el firmamento ajedrecístico).

Para el gran maestro alemán contemporáneo Robert Hübner, Klaus Junge fue el más grande talento ajedrecístico de ese país de todo el siglo XX.

[36] Wijnans había sido tercero en el campeonato holandés en 1939 y había ganado en 1941 el histórico torneo de Beverwijk (que se juega desde 1938 y que, ulteriormente, adoptó los nombres de Wijk aan Zee y de Corus. A lo largo del tiempo, ganaron en él notorias figuras, como los excampeones mundiales Euwe, Petrosián, Spassky, Botvínnik, Kárpov, Anand, Krámnik, Kaspárov y Topalov. En 1951 lo obtiene el argentino Pilnik y, su última edición, ve triunfador al genio noruego Magnus Carlsen en 2010.

[37] En 1942 había ganado el derecho de enfrentar en un match por el título de campeón de los Países Bajos que era ostentado por Euwe, perdiendo en 1942 por 8 a 2, poco antes de ser deportado a Alemania.

[38] Nowarra, durante la ocupación alemana en Polonia, disputó varios torneos en este territorio sometido al dominio de fuerzas extranjeras, en el marco del denominado General Governement.

[39] Quien jugando para Austria había sido medalla de oro por su desempeño en el octavo tablero en los Juegos oficiosos de Múnich´36.

[40]  Fue el primer campeón de su país en 1906.

[41] Euwe fue algo ciclotímico en su participación en las Olimpiadas, en las que había debutado en 1924 en los Juegos oficiosos de París a los que ya nos referimos (donde en parte defraudó cuando no se consagra Campeón Mundial Aficionado, título que luego obtendría en 1928 en contemporaneidad con los Juegos de La Haya).

En 1927 está en Londres donde hace 10½ en 15 en el primer tablero, donde siempre jugaría. En el periodo preguerra soóo vuelve a jugar en 1937 cuando, con 9½ en 13, alcanza la medalla de bronce individual.  Ya dijimos que tampoco estaría en la Argentina. Regresa al circuito, como todos, en 1950 (8 en 12), se ausenta en el próximo para reaparecer en 1954 (7½ en 13), hace una nueva pausa, para regresar en 1958 donde encara un terceto de competencias olímpicas con las que se despediría. Ese año sería el mejor ya que obtiene medalla de plata con 8½ en 11, en 1960 es su peor participación (6½ en 16) y dice adiós definitivamente en 1962 invicto (con 4 en 7, 1 triunfo y 6 tablas).

[42] A esta actitud valiente de Euwe se le opuso la de Alekhine a quien muchos consideran lisa y llanamente fue colaboracionista de los nazis. Edward Winter, un poco más tímidamente,  plantea esa hipótesis, mencionando unos artículos, firmados por el propio Alekhine,  publicados en París en 1941, donde se hipotetiza sobre: “…el efecto destructivo que habían tenido los judíos en el desarrollo del juego”. 

Si bien es ahora fácil juzgar a la distancia, lo de Alekhine parece que fue tremendo ya que, en esas notas, habló de una “conspiración judía”, a la que derrotó, al volver a vencer a Euwe en 1937, quien  fue apoyado a juicio del ruso-francés por analistas, entrenadores y hasta periodistas que profesaban esa religión. La cita textual, en inglés, es contundente:

“Again in the 1937 return match with Euwe the collective chess Jewry was aroused. Most of the Jewish masters mentioned in this review attended as press reporters, trainer and seconds for Euwe. At the beginning of the second match I could no longer let myself be deceived: that is, I had to fight not Euwe, but the combined chess Jewry, and in the event my decisive victory (10:4) was a triumph against the Jewish conspiracy”.

Alekhine entendía que el ajedrez podía ser analizado desde una perspectiva racial y, ya sabemos, lo que significaba por entonces hacer esa clase de planteos. Más adelante profundizaremos el asunto.

De todos modos Alekhine fue también víctima, aunque no en su propia persona, pero sí en forma bastante directa, de hechos luctuosos. Es que su propio hermano Alexei (Alexey) Alekhine, que era maestro de ajedrez (había sido 4°-6° en el torneo de otoño de Moscú en 1907 cuando su hermano menor, y futuro campeón mundial, compartió las posiciones 11 a 13) y que se había desempeñado como Secretario de la Federación Ucraniana de Ajedrez, fue asesinado en 1939 por integrantes del Ministerio del Pueblo y de Asuntos  Internos de la URSS.

[43] Se consagró como tal al derrotar a Steinitz en 1894 en un match que jugaron en ciudades de EEUU y Canadá. Lo retuvo en varias oportunidades, ante el propio Steinitz, Marshall, Tarrasch, Schlechter y Janowski, hasta perderlo ante Capablanca en 1921. Consiguió el título a los 26 años y lo conservó por otros tantos.

Durante 292 semanas Lasker fue número 1 del mundo, entre junio de 1890 y diciembre de 1926. O sea que estuvo en la cúspide en un lapso de 36 años, la racha más prolongada de quienes dominaron el panorama ajedrecístico mundial en todos los tiempos (supera en ese aspecto a Steinitz por dos años). Siempre según Chessmetrics, 2.878 fue su ranking más alto, el que alcanzaría en mayo de 1894. En todos los listados posibles de los mejores jugadores de todas las épocas, sin dudas que Lasker tiene un lugar muy destacado.  Por ejemplo, si se toman los valores de los ajedrecistas a lo largo de 10 años, solo Kaspárov lo supera en la consideración comparativa. Y Lasker precede en ella a Kárpov, Capablanca y Fischer. Su crítico Alekhine queda rezagado en este análisis a un más modesto octavo lugar.

[44] Alekhine dividió, en uno de los artículos que se le atribuyen, a los ajedrecistas entre arios (Philidor, Anderssen, Morphy, Capablanca, Euwe, Eliskases, Keres y él mismo) y judíos (consignando únicamente a Steinitz y a Lasker entre ellos). Lo mejor de estos últimos, a su juicio, era el “oportunismo”. Los consideraba más defensivos y materialistas, frente a las cualidades más agresivas y bravías de los jugadores arios. Alekhine planteó la pregunta de si no podíamos esperar (usando el verbo “hope” que en inglés tiene una connotación de esperanza) que Lasker fuera el último campeón mundial judío, en los siguientes términos: “Can we hope that after Lasker’s death -the second and probably the last world champion of Jewish descent- Aryan chess will finally find its path, after having been led astray by the influence of Jewish defensive thinking?”. En http://www.metajedrez.com.ar/judaism.htm.

¡Cómo se equivocaría Alekhine en este punto! En la posguerra varios judíos serían campeones mundiales: Botvínnik (1948-1957, 1958-1960, 1961-1963); Smislov (1957-1958); Tal (1960-1961); Bobby Fischer (1972-1975), y Kaspárov (1985-1993). Fischer fue educado en esa religión, aunque luego abjuró de ella.

Entre estos excampeones mundiales se destaca, además de su condición de origen, que tres de ellos tuvieron un estilo de juego particularmente agresivo: Tal, Fischer y Kaspárov.

Si bien la tesis del colaboracionismo de Alekhine es la más reconocida por la bibliografía internacional, no podemos menos que mencionar otra que alude a dichos del propio jugador quien trataría, infructuosamente, de desmentir esta especie sosteniendo, básicamente, que esos artículos eran meras falsificaciones. También algunos de sus exégetas llegaron a asegurar posteriormente que, en todo caso, sus actitudes pudieron haber tenido que ver con la necesidad de proteger a su familia (incluida su inválida esposa) que residía en territorio nazi ya que, invirtiendo los roles, se sentía amenazado por los partidarios del Führer. Teóricamente, por ello, debió hacer cosas que no quería (como jugar numerosos torneos en Alemania, Polonia y Checoslovaquia, todos en tierras germanófilas) y terminar sus últimos años recalando en España primero, y en Portugal, después. Una de las cartas de “desmentida” dice textualmente: “Once more I insist on repeating that which I have published on several occasions: that is, that the articles which were stupid and untrue from a chess point of view and which were printed signed with my name in a Paris newspaper in 1941 are a falsification. It is not the first time that unscrupulous newspapers have abused my name in order to publish inanities of that kind but in the present case what was published in Pariser Zeitung is what has caused me the most grief, not only because of its content but also precisely because it is impossible for me to rectify it … Colleagues know my sentiments and they know perfectly well how great is the esteem in which I hold their art and that I have too elevated a concept of chess to become entangled in the absurd statements poured out by the above-mentioned Parisian newspaper”.

Por supuesto que es más que sugestivo que el principal de esos “refugios” de esta época postrera de su vida fuera la España, que estaba dominada por el mariscal Francisco Franco, quien era un claro simpatizante de Hitler. Lo cierto es que Alekhine terminó muriendo en Estoril, Portugal, en 1946, alejado de su familia, absolutamente solo, empobrecido, con una irrefrenable afición por el alcohol, y con el repudio generalizado de buena parte de sus colegas (que lo hicieron desinvitar de sendos torneos que se jugaron en Londres el año anterior al de su deceso).

[45] ¿Habrá tenido algo que ver en ello el hecho de que el propio Rubinstein afirmaba que le dedicaba 6 horas por día, durante 300 días del año, al estudio del ajedrez? Este obsesivo del juego, que había empezado tardíamente a los 19 años de edad, completaba el panorama, diciendo que los 60 días restantes los ocupaba en… jugar torneos de ajedrez, Sólo se permitía 5 días de descanso al año, salvo en los bisiestos.

Luego de un torneo en 1911, por sus extrañas actitudes (por ejemplo, en algún momento de su vida, si veía que un desconocido entraba por una puerta, Rubinstein salía por una ventana), el director de la prueba lo conduce a un psiquiatra quien, tras examinarlo, dictamina: “Mi amigo, usted está loco. ¿Pero qué importa?, ¡Usted es un maestro del ajedrez!”. En 1912 alcanza un récord inigualado al vencer en 5 torneos consecutivos: Vilna, San Sebastián, Breslau, Pistyan y Varsovia.

Durante consistentes 25 meses, empezando en mayo de 1908 y culminando en abril de 1914, fue el número 1 del mundo (pese a que el campeón era Lasker).

[46] Rubinstein tuvo sus mejores años de juego entre 1907 y 1912 cuando, según las estimaciones de muchos, era mejor que el campeón mundial Lasker.

En Olimpiadas representó a Polonia cuando fue campeona en 1930, siendo el mejor de todos los jugadores del torneo al hacer 15 puntos en 17. Rubinstein consigue entonces el oro olímpico personal, junto al de su equipo. Y en esa perfomance saca mayor puntaje que, entre otros, Flohr, Kashdan, Marshall, Ståhlberg, Tartakower y Alekhine.

En 1931 se despediría de esta clase de Juegos cuando su país es medalla de plata y él, encabezándolo, hace 9½ en 16.

[47] En 1937 estuvo a punto de enfrentar a Alekhine por el título mundial. Pese a que este jugador era una figura muy notable de Checoslovaquia, debió abandonar ese país primero con rumbo a Suecia, y a la URSS después (donde contó con la ayuda de su amigo Botvínnik), cuando se produjo la invasión nazi en 1938, que tenía en la mira a la colectividad judía de la que Flohr formaba parte quien, para más, había en rigor nacido en una ciudad polaca (Y ya sabemos cómo se perseguía especialmente a quienes cumplían esa doble condición de judíos y de polacos). En 1942 se hace ciudadano soviético obteniendo en 1950 el título de GM.

En Olimpíadas Flohr fue una de las grandes figuras de la época a la que se refiere este libro. Su país obtuvo la medalla de plata en 1933 y la de bronce en 1931 pero lo suyo fue aún más destacado a nivel individual ya que fue oro en 1935 y 1937 (en ambos casos invicto), plata en 1930 y bronce en 1933. Hizo nada menos que 60 puntos sobre 82 con 46 victorias, 28 empates y apenas 8 derrotas. ¡Y siempre en el primer tablero!

En el ranking histórico comparativo de todas las perfomances olímpicas de quienes al menos jugaron cuatro Olimpiadas, Flohr aparece en el puesto número 15 (el mejor de todos fue Tal, seguido de Kárpov y Petrosián).

Llegó a ser el número 2 del mundo durante 10 meses entre marzo de 1935 y mayo de 1936, siendo precedido, en los primeros meses por Alekhine, y en los postreros por Euwe. Su mejor torneo fue Hastings´ 31 cuando hizo 8 en 9 dejando atrás a Kashdan y Euwe.

[48]  Se imponen allí Fine y Keres con 8½, tercero Botvínnik con 7½, cuartos Alekhine, Euwe y Reshevsky con 7, ¡penúltimo! Capablanca con 6 y, en un lejano último lugar, Flohr con 4½.

Diez años después, siempre en ciudades holandesas (pero sumándose ahora otras de la URSS), y auspiciado por la misma empresa, se repitió esta experiencia de reunir a los mejores, pero en este caso se lo hace para consagrar al nuevo campeón mundial (Alekhine había fallecido dos años antes). Se invita a los jugadores supérstites de los que habían participado de la anterior edición, aunque los soviéticos deciden reemplazar a Flohr por Smislov. Por lo que pierde su última oportunidad para poder acceder al título mundial, que sería conseguido por Botvínnik.

[49] Este nombre de Protectorado suena de por sí irónico si se considera que los protectores de ese país eran los propios nazis quienes habían puesto un gobierno afín en la oprimida Checoslovaquia.

[50] Keres sería campeón soviético en 1947, 1950 y 1951, pero no lograría ser campeón mundial. Se lo recuerda como “el campeón sin corona”. En 1938, al imponerse en AVRO, se lo consideraba el principal desafiante al título ecuménico que tenía  Alekhine, match que no llegó a disputarse por el devenir de la Segunda Guerra Mundial.

Keres tampoco nunca llegó a ser el número 1 del mundo para Chessmetrics. Pero ocupó la posición número 2 en nada menos que 52 meses entre julio de 1943 y julio de 1960. Solo lo antecedieron, en los distintos momentos históricos: Alekhine, Botvínnik, Smislov y Tal, todos ellos campeones mundiales.

En Olimpíadas Keres jugó para Estonia en 1935, 1937 y 1939 (medalla de bronce al equipo), y para la URSS de 1952 a 1964 (donde ese país se alzaría con siete oros colectivos). En la faceta individual, tuvo 5 medallas de oro y 1 de bronce ocupando los tableros 3 o 4 para la URSS, y una de plata en 1937 para Estonia cuando fue primer tablero. A lo largo de su trayectoria olímpica hizo 107 puntos en 141, con 85 triunfos, 44 empates y apenas 12 derrotas (75,9% de efectividad).

[51] Algunos llegan a afirmar que cuando se produciría el torneo por el título mundial de 1948, que gana Botvínnik, Keres llegó a ser inducido por las autoridades soviéticas a que no jugara con el esmero debido, a fin de que se impusiera el favorito Botvínnik. Para abonar esta tesis se recuerda que Keres perdió las primeras cuatro partidas con su rival y protector, para lograr vencer en la última que disputaran esos grandes jugadores, hecho que ocurrió cuando Botvínnik tenía una diferencia prácticamente irremontable respecto de quien fuera su perseguidor en el torneo: Smislov.

[52]  En rigor Lilienthal había nacido en Moscú pero en el contexto de una familia magyar. Representó a Hungría en las Olimpíadas de 1933, 1935 y 1937, actuando respectivamente de primer reservista, segundo y primer tablero. En los dos primeros casos, y en forma invicta, fue medalla de oro individual. En Estocolmo ´´37 fue plata en lo colectivo. Redondeó una actuación olímpica general de extraordinarios 37 puntos en 49 cotejos (perfomance del 75,5%) con 27 victorias, 20 empates y escasas 2 derrotas. Reshevsky y Mikénas serían sus únicos victimarios. No fue parte del equipo húngaro que logró la medalla de oro en los Juegos oficiosos de Múnich´36. En 1950 estuvo en la primera tanda de jugadores que eligió la FIDE cuando confirió el título de GM.  En la Segunda Guerra Mundial buscó refugio en la URSS donde continuaría con su notable carrera, disputando 12 finales de campeonatos soviéticos,  el Torneo Interzonal de 1948 de Saltsjöbaden, y se clasificaría para el Torneo de Candidatos de 1950. Fue el sexto jugador del mundo durante 14 meses entre enero de 1934 y febrero de 1935, siendo su mejor torneo el campeonato soviético de 1940 cuando empata en el primer puesto con Bondarevsky anticipándose a Smislov, Keres, Boleslavsky, Makogonov, Botvínnik, Petrovs, Ragozin, Kótov, Mikénas…y siguen las firmas. Falleció en Budapest en el 2010 a pocos días de cumplir los 99 años de edad.

Una anécdota de sus comienzos resulta notable: Se cuenta que Lílienthal, tuvo su primer contacto con Alekhine en el Café La Régence de París. Le dijeron al campeón mundial que había un joven que no tenía rival en partidas rápidas. Alekhine accede a enfrentarse con él, jugando 4 partidas. Lílienthal venció 3 a 1, y cuando el campeón quiso prorrogar el duelo, Lílienthal le solicitó dejar de jugar: “para conservar ese halagador recuerdo en la memoria”.  Alekhine por supuesto, y entre risas, aceptó lo planteado por su joven rival.

Pero nos permitimos dudar de la certeza del dato si tenemos en cuenta que ese Café cerró sus puertas en 1916 y en ese momento Lilienthal contaba con apenas 5 años de edad. Pero es muy probable que otro establecimiento con ese nombre abriera en París años más tarde.

El Café de la Régence, el original, el emblemático, fue inaugurado en 1670 por un americano. Está considerado el más importante punto de encuentro del ajedrez mundial de todas las épocas, en particular desde 1740. Pasaron por allí todas las figuras de la especialidad: Philidor; Morphy; Staunton; Steinitz; Lasker; Capablanca; Alekhine; Legall; Deschappelles; Bourdonnais; Saint Amant; Franklin; Napoleón; Voltaire; Rousseau; Robespierre.  Igualmente se sabe que tuvo distintas locaciones. En 1858 allí se hizo la famosa sesión de simultáneas a ciegas que diera Morphy. En ese ámbito, además, se dieron sendos encuentros históricos: el de Diderot con Rousseau, en 1742; y el de Marx con Engels, muchos años más tarde.

[53] Estaba claro que el autor europeo, para situar su novela, no dudó en poner proa a la Buenos Aires, ciudad lejana y quizás algo mítica para él, a la que habría de llegar a conocer en la realidad (así como lo propio lograría uno de los protagonistas de su novela, el entonces campeón mundial Czentovic).

La descripción que hace Zweig de este campeón mundial, solo abocado al conocimiento específico del juego (“…monomaniacos, enclaustrados en una sola idea … cuanto más se limita un individuo, tanto más cerca se halla, por otra parte, del infinito”), resuena, anticipatoriamente, a una descripción que bien podría hacerse a un futuro campeón mundial, algo más real: nos referimos al gran Robert Bobby Fischer. Veamos como describe Zweig a Czentovic (Fischer):

“En el cerebro tapiado de ese mozo cabe una sola cosa y es que desde hace meses no ha perdido ninguna partida de ajedrez, y puesto que no sospecha que aparte del ajedrez y del dinero existen otros valores en el mundo, le sobran razones para sentirse encantado de sí mismo”.

Pero el acento del libro no está puesto en la figura de ese campeón sino en la de un ignoto jugador que lo enfrenta, a bordo de la embarcación, el doctor B., quien había estado bajo reclusión, completamente aislado, a la que había sido sometido por los nazis. Ese personaje sobrellevó el cautiverio gracias a las infinitas partidas de ajedrez que jugó mentalmente contra sí mismo, en una situación que, a la vez que lo salvó de ese oscuro periodo, le inoculó un mecanismo de pensamiento que, de algún modo, lo condujo a un estado de enajenación.

Y ese estado, que parecía estar superado, renace cuando, a bordo del barco con proa a Buenos Aires, el doctor B. interviene en una partida que otros circunstantes de la embarcación estaban disputando contra Czentovic. Y, al no poder privarse de jugar al ajedrez nuevamente, reincide en un camino que, por supuesto, lo hizo que estuviera a punto de volver a caer en las redes del delirio.

[54] Tema que con todo detalle desarrollaremos en el próximo libro que habremos de encarar: “La generación plateada”.

[55] Wexler sería campeón argentino en 1959, cuando se le confiere el título de MI, y nos habría de representar en las Olimpiadas de 1956, 1960 y 1964. Había nacido en Bucarest pero se trasladó a la Argentina a los siete años. En octubre de 1960 sería el jugador número 93 del mundo.

[56] Fue campeón argentino en 1943 (quedó segundo del sueco Ståhlberg quien por su condición de extranjero no pudo acceder a la corona). El propio Iliesco había ganado esa misma competencia en 1939 aunque en esa oportunidad le fue negada la diplomatura dado que para entonces se lo consideraba extranjero (cosa que se revertiría poco más tarde posibilitando su ulterior consagración nacional). Es que Iliesco había nacido en la ciudad de Braila, Rumania en 1898. Fue combatiente de la Primera Guerra Mundial, en cuyo contexto fue apresado por los alemanes. A poco de finalizada esa guerra, buscando nuevos horizontes y dejando atrás los viejos recuerdos, emprendió rumbo a Buenos Aires arribando en 1921. El ajedrez le era hasta entonces ajeno (es que estuvo ocupado en otra clase de batallas). En 1924 aprende a jugar y, solo cuatro años después, gana el Torneo Nacional de Segunda Categoría por delante de Luis Piazzini. En 1938 asume como profesor de ajedrez en el club San Lorenzo de Almagro y esa institución, con el aporte de Iliesco (en sus condiciones de jugador y de docente), alcanzaría sendos campeonatos de ajedrez correspondientes a las entidades afiliadas a la AFA (Asociación de Fútbol Argentino) y es también vencedor del Torneo Metropolitano por equipos. El mejor ranking de su carrera lo alcanza en enero de 1945 cuando aparece como el jugador número 67 del planeta. Fuente: Revista El Ciclón, Nº 11 del 16 de octubre de 1943 y Nº 19 del 11 de diciembre de 1943. (¡Gracias Adolfo Res por el material y la referencia!).

[57] A este longevo jugador nos habíamos referido anteriormente cuando se destacó su carácter de esposo de la jugadora argentina María Angélica Berea. Agreguemos ahora que llegó a ser el número 81 del mundo en el mes de septiembre de 1945.

[58] A poco de arribar al país queda en la mejor posición que alcanzaría en el ranking mundial, al ser el número 115 del mundo en tres meses separados entre enero de 1932 y marzo de 1933.

Entre sus resultados más destacados puede mencionarse que, jugando para el Círculo de Buenos Aires, integra en mayo de 1929 el equipo de ese club que se mide en un match telegráfico con el Clube de Xadrez de Sao Paulo, en el que los argentinos vencen por  1½ a ½. En 1930 se funda el Club Los Inmortales y tiene a Holtey entre sus primeros socios. En agosto de 1933 se clasifica campeón del Círculo de Ajedrez al obtener 13 puntos sobre 14. Al año siguiente es 7°-8° en el Torneo Sudamericano de Mar del Plata con un score de 7 en 13. En 1936 integra el equipo de la Capital Federal que gana el Torneo Interprovincial por Equipos, junto a Schvartzman, Fenoglio, Iliesco, Villegas y Molina. Fuente: Nuestro Círculo, N° 382, noviembre de 2009.

[59] Su mejor actuación se daría en el torneo de Buenos Aires de 1955, pese a quedar antepenúltimo, en una prueba ganada por Ivkov, delante de Gligorić, Pilnik, Szabó, Rossetto, Pachman y Bisguier. Solo Reinhardt y Benkö quedaron por debajo de Lipiniks en esa oportunidad. Cuenta Lipiniks de su arribo a la Argentina:

A principios de 1928 viajamos en tren, de Riga a Bremerhaven, y en esta ciudad paramos en un hotel de emigrantes pues era época de migraciones organizadas y fomentadas. En Bremen mamá me señaló una casa con muchas flores diciéndome que era la casa de Papá Noel lo que, a mis tres años, tomé a beneficio de inventario. El viaje a la Argentina duró unos 20 días en el vapor “Sierra Ventana” casi todo lleno de emigrantes. Viajamos en segunda clase hasta que una señora negra brasileña que abordó en Lisboa nos invitó a compartir su camarote y nos lo dejó por el resto del viaje cuando ella descendió, creo que en Santos. La mañana de la llegada a Buenos Aires me trajo una enorme sorpresa al ver que el mar azul y verde se había vuelto marrón de golpe. Claro que mi madre, a cuya tan abundante conversación con su hijito debo tal vez mi gran memoria retrospectiva, me explicó que allí (unos puntitos lejanos) estaba esperándonos papá…”.

En 1979 Lipiniks se radica en el Paraguay y se daría el gusto de jugar en las Olimpiadas ya que es capitán y jugador, representando a ese país, en el torneo de Moscú de 1994 (Fuente: Nuestro Círculo, Año 3, Número 124, diciembre de 2004). Y aún bastante después, en el propio año 2011, sigue jugando para su país de residencia, habiendo disputado el Zonal Sudamericano, rumbo a la Copa del Mundo, torneo disputado en el mes de mayo en Asunción del Paraguay.

[60] En http://www.zonadeajedrez.com/articulos/reportajes/821-muchomasqueunmaestro.html.

Inventario del horror
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