Paul Keres, el entrañable Campeón sin Corona

Nacido en Narva, Estonia, el 7 de enero de 1916, Paul Petrovich Keres se vinculó con el ajedrez desde muy pequeño, de la mano de su padre y de su hermano mayor. Atraído por el juego, sus rápidos progresos excedieron la posibilidad de competir en la escasa actividad de su ciudad natal, por lo que encontró en el ajedrez por correspondencia la manera de continuar su desarrollo. En 1935, con 19 años, se consagró Campeón Internacional de la especialidad y poco después obtuvo la chance de jugar su primer Campeonato de Estonia “en vivo”, logrando un merecido primer puesto. Se había iniciado la carrera de un jugador extraordinario…

 

 


Por Horacio Olivera

La definitiva consagración de Paul Keres en la arena internacional tuvo lugar en la Olimpíada de Varsovia (Polonia) de 1935, en la que defendiendo el primer tablero de su país logró 12 puntos sobre 19 posibles, enfrentándose a muchos de los mejores jugadores del mundo. En 1936 empató con Alekhine el primer lugar en el fuerte torneo internacional de Bad Nauheim.

El estonio comenzó a ser considerado por sus colegas con respeto y admiración, no solo por su juventud y excelentes resultados, sino por el aplomo del que hacía gala en sus partidas, caracterizadas sobre todo por una notable contundencia táctica en juegos abiertos, por  los que tenía particular predilección.

En 1937 obtuvo su máximo logro hasta entonces, imponiéndose de manera brillante en Semmering-Baden, con un punto entero de ventaja sobre Reuben Fine y relegando entre otros a Capablanca, Reshevsky y Flohr.

Definitivamente consolidado entre la élite ajedrecística de ese tiempo, Paul fue uno de los seleccionados para participar en el legendario Torneo AVRO de 1938, el más fuerte de la historia hasta ese momento, con la participación del campeón mundial Alekhine y los ex campeones Capablanca y Euwe, más las estrellas Botvinnik, Fine, Reshevsky y Flohr. Organizado con el objeto de consagrar a un retador para enfrentar a Alekhine por el título mundial, el certamen fue el antecedente de lo que en años posteriores se conocería como el Torneo de Candidatos y se jugó a doble vuelta en diez ciudades diferentes de los Países Bajos. Luego de un comienzo un tanto vacilante, Keres logró empatar el primer puesto con el norteamericano  Fine, pero resultó ganador por sistema de desempate, alcanzando por lo tanto el derecho de desafiar a Alekhine.

No obstante, las negociaciones iniciadas de inmediato con el campeón comenzaron a sufrir tropiezos, debido a las desmedidas pretensiones de Alekhine para poner su corona en juego. Entre tanto, Keres representó a Estonia en la Olimpíada de 1939 jugada en la Argentina, regresando luego a su patria no obstante haberse desencadenado la guerra tras la invasión nazi a Polonia.

La virtual anexión de Estonia a la URSS, acordada por el pacto Ribbentrop-Molotov de 1939 y efectivizada un año después, permitió que Paul comenzara a participar de los famosos Campeonatos Soviéticos, considerados, campeonatos del mundo aparte, los certámenes más importantes de cada año.

Pero en 1941, los alemanes invadieron Estonia y, sabedores de la popularidad del Gran Maestro, le presionaron para que participara en torneos organizados por el Tercer Reich en la Europa ocupada, con el objeto de utilizarlo como propaganda. Prácticamente forzado a aceptar, Keres jugó algunos torneos, con dispares resultados, producto seguramente de su inestable estado de ánimo debido a la irregular situación.

No se ha encontrado, sin embargo, ninguna prueba de simpatías fascistas de parte del maestro, quien, muy por el contrario, se habría mantenido siempre alejado de la política. No obstante, al finalizar la guerra y luego de que los soviéticos retomaran el control de Estonia, Paul pasó algunos malos momentos al ser acusado de colaboracionista de los nazis, lo que motivó que algunos colegas suyos, particularmente Botvinnik, debieran interceder ante las autoridades de la URSS para librarlo de sospechas.

Al fallecer Alekhine en 1946, las pocas expectativas que aún guardaba el estonio de alcanzar la corona  haciendo valer el derecho adquirido en 1938 se esfumaron definitivamente. Pero no cejó en su intento y, después de ganar  con claridad el Campeonato de la URSS de 1947, participó en el torneo de La Haya-Moscú de 1948, celebrado para entronizar un nuevo campeón. Cinco ajedrecistas considerados los mejores del momento (Keres, Botvinnik, Smyslov, Euwe y Reshevsky) se dieron cita en un agotador certamen a cuatro vueltas, que fue ganado en forma contundente por Mikhail Botvinnik, quien se consagró de esta manera el nuevo monarca. Keres jugó muy por debajo de las expectativas que en él se habían depositado y debió contentarse con un cuarto puesto, superando en la tabla solamente a Euwe.

Aún con confianza en sus fuerzas, Paul continuó luchando en su camino a la cima. Cierto es que estuvo cerca, pero la fortuna le fue sorprendentemente esquiva. Terminó en el segundo lugar nada menos que en cuatro torneos de candidatos: Zurich 1953 (empatado), Amsterdam 1956, Bled-Zagreb-Belgrado 1959 y Curacao 1962 (empatado).

En sus últimos tiempos, el juego de Paul Keres fue mutando de un estilo atacante e incisivo a uno más posicional y tranquilo, acaso acusando el paso de los años. Así y todo, continuó cosechando éxitos en el tablero hasta su temprana muerte en 1975, pocos días después de haber ganado un torneo en Vancouver, Canadá.

Mucho se ha escrito (y acaso se seguirá haciéndolo) sobre este extraordinario “Campeón sin corona”. Entre la abundante bibliografía de ajedrez de nuestros días, pueden encontrarse una buena cantidad de obras referidas a su trayectoria, como asimismo varias colecciones de sus partidas comentadas. Él mismo ha dejado algunos libros de real valía, entre los que se destaca el titulado “El ajedrez como yo lo juego”, un verdadero tesoro de la literatura ajedrecística de todos los tiempos.

Aparte de sus numerosas obras de arte ajedrecísticas plasmadas a través de brillantes combinaciones y singulares ataques, Paul Keres realizó también importantes aportes a la teoría de aperturas, tales como el famoso “Ataque Keres” contra la Defensa Siciliana, como así también invalorables contribuciones a la antiquísima y aún hoy plenamente vigente Apertura Ruy López, de la que durante muchos años fue considerado su más grande conocedor.

Caballero del tablero y de la vida, querido y admirado, se estima que unas 100.000 personas asistieron a sus funerales en Tallin, capital de Estonia, en la que no solamente un monumento perpetúa su memoria, sino que su imagen está presente en los billetes de 5 krooni, el dinero de uso corriente.

 

 


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