Paul Morphy y su ajedrez inmortal

Por su brillantez, por sus enseñanzas, por su concepción estratégica y su impecable remate, la partida llamada “El juego de la Opera” o también “Una noche en la Opera” es, posiblemente, la más difundida y admirada de las partidas de ajedrez de todos los tiempos.

paul-morphy-263x300Jugada por el genio norteamericano Paul Morphy, de visita ajedrecística en Europa, se desarrolló el 21 de Octubre de 1858 en la célebre Opera de París, siendo los rivales del americano dos fuertes jugadores amateurs, que lo hicieron en consulta: el Duque de Brunswick y el Conde de Isouard.

La historia ha revestido al encuentro de aditamentos extra ajedrecísticos, que no han hecho sino enriquecer la ya de por sí extraordinaria partida. Así, se cuenta que el Duque, conocedor de las virtudes de un Morphy que se enfrentaba con gran éxito a los maestros europeos de la época, lo invitó a su palco personal de la Opera, para presenciar “Norma”, de Bellini. Al llegar, Paul se encontró con el Duque mucho mas predispuesto a jugar ajedrez que a disfrutar de la ópera, la que, según dijo, había ya visto varias veces. El Conde de Isouard le acompañaba y entre ambos invitaron, o casi forzaron, a jugar una partida en el mismo palco en donde habían preparado tablero y piezas. Así que parece que un tanto ofuscado, aceptó Morphy a regañadientes la propuesta, pues su interés era solamente disfrutar de la obra.

La partida acabó luego de 16 jugadas y se convirtió, pese a ser un juego informal, en un modelo de estrategia y táctica ajedrecista, cientos y miles de veces comentado y alabado por los más destacados maestros de todo el mundo y de todas las épocas. De la misma se pueden extraer cantidad de enseñanzas, tales como el desarrollo de las piezas y su utilización práctica, el control del centro, la armonía de las fuerzas propias y el factor tiempo contra material. Y, obviamente, no pueden dejar de destacarse la visión de largo alcance de los sacrificios de material y la brillantez del remate.

Más allá de lo estrictamente ajedrecístico, la anécdota también ha sido materia de diversos comentarios y opiniones a través del tiempo, muchas veces contrapuestos, que han realzado aún más el aire legendario de la partida.

Así, algunos ponen en duda que la obra puesta en escena fuera “Norma”, indicando que se trataba de “El Barbero de Sevilla”, de Rossini y otros refieren que fue “Las Bodas de Fígaro”, de Mozart.

También se ha dicho que la partida tuvo un ingrediente que la hace aún más brillante, y es que Morphy la jugó “a ciegas”.

Por fin, está quienes descreen de la veracidad de la anécdota, aceptando la existencia del juego pero no la anécdota del palco que le habría dado lugar.

En fin, ciertas o no las circunstancias, relato mítico o realidad, lo real es que allí tenemos esa obra magna de un genio ajedrecístico como pocos, que seguirá siendo disfrutada por ajedrecistas de todo el mundo y por los siglos de los siglos.


Paul Morphy y su ajedrez inmortal
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