El día en que la FIDE se muda provisoriamente a Buenos Aires

Por Sergio E. Negri y Juan S. Morgado

Estamos en el extremadamente conflictivo año 1939. Alemania, que el año anterior había anexado Austria, ya en marzo invade Checoslovaquia. Interpretando como una señal favorable el Tratado que en agosto en Moscú suscriben Ribbentrop y Mólotov (en nombre de Hitler y Stalin), por el que se aseguraba que no habría agresiones recíprocas, fuerzas alemanas invadirán Varsovia muy poco después, exactamente el 1° de septiembre, dando comienzo a la ominosa Segunda Guerra Mundial.

Europa habrá de convertirse en el campo principal, aunque no único, de un conflicto que adquirirá proporciones inéditas, del que se derivará un clima de terror y horror, del que el Holocausto será una de sus principales expresiones, alterando en cualquier caso dramáticamente las condiciones de vida de millones de personas e implicando, una transformación geopolítica de vastas dimensiones que terminará por rediseñar el mapa mundial.

El ajedrez, que tenía a ese continente como el principal escenario del orbe desde el mismo momento en que el juego ingresó por España e Italia de la mano de los árabes, y por Bizancio y por la futura Rusia (en este caso bajo influencia persa), habrá de replegarse, como toda actividad cultural, en el marco de un contexto tan desfavorable.

No debe sorprender entonces, que la FIDE, organización mundial que se había fundado en 1924, se sintiera amenazada en su funcionamiento por lo que se planteó, y luego terminaría por suceder, mudar su sede desde los Países Bajos a la más neutral Suiza en busca de una paz que ninguna localización del Viejo Mundo (“viejo” mas no sabio) podía asegurar. En ese marco puede considerarse casi providencial que, en Estocolmo en 1937, se hubiera decidido que fuera la lejana Buenos Aires la anfitriona del próximo Torneo de las Naciones: por primera vez en la historia los Juegos se desarrollarían fuera de Europa.

Ese mérito le cupo a un país que venía teniendo un muy buen desempeño en la prueba; de hecho ocupó el cuarto lugar en la capital sueca y también algunos de sus integrantes obtuvieron preseas olímpicas por su actuación individual (Luis Palau fue el primero, aunque honorífico, medalla obtenida en la prueba oficiosa de 1924 en París). Para más, la Argentina había sido el único país extracontinental en participar de su primera edición oficial, la de Londres en 1927, cruzando un Océano que, por entonces, ni siquiera los EEUU se habían dispuesto a surcar. El austral país, a su vez, podía sentirse orgulloso al haber sido miembro fundador de la FIDE, entidad que había surgido en 1924 en la capital gala. Y su propia entidad madre nacional, la FADA, tenía previa existencia, pudiendo en cualquier caso evidenciarse un pujante clima ajedrecístico local que constituía a la nación austral, sin dudas, en líder regional y un potencial referente mundial.

Trasladándose la llama deportiva a esos confines del planeta y probablemente sin sabérselo a la hora de la nominación, se podrá asegurar en 1939 el transcurrir normal de una competencia que, muy difícilmente, se hubiera podido hacer en cualquier punto de una Europa que había perdido el rumbo de la paz. Es más, la fase final del Torneo comenzó justamente el 1° de septiembre, jornada que es considerada la del inicio de la guerra. El horror comenzaba, y habría de profundizarse. De hecho, la prueba de Buenos Aires, se convertirá en un salvoconducto para muchos ajedrecistas que decidieron transitoria o definitivamente, quedarse en suelo sudamericano. Se ha dicho, no exento de poesía, que las embarcaciones que pusieron proa hacia ese punto desde Europa con los representantes de los países a bordo, fueron virtualmente Arcas de Noé. Sólo así se pudo preservar el talento impar de tantos notables exponentes del juego.1

En ese sentido resultará notoria la situación del ulteriormente devenido en argentino, Miguel Najdorf. Pero también lo propio acontecerá con el sueco Gideon Ståhlberg; de quien será primer campeón israelí, Moshe Czerniak; de todos los integrantes del equipo alemán que a la sazón será el campeón (con el austriaco y también futuro argentino Erich Eliskases a la cabeza, quien por entonces tenía serias aspiraciones de desafiar al campeón mundial); del estonio Pal Keres (aunque permanece en la región por un corto lapso), y el de tantos otros.

Más allá de los valores olímpicos, se producirán otras dos presencias relumbrantes de quienes permanecerán en las tierras visitadas. Por un lado, la alemana Sonja Graf quien, repudiada en su país por su prédica antigubernamental, jugó el campeonato mundial femenino en Buenos Aires “bajo la bandera de la libertad”; y por el otro, la del escritor polaco Witold Gombrowicz, quien había llegado al sur en visita literaria, cuya extraordinaria novela Ferdydurke será luego traducida al castellano en un trabajo colectivo que emprenderán varios escritores cubanos y argentinos en el Café Rex, que contaba con… ¡una sala de ajedrez que habrá de ser dirigida, tras quedarse también en el país, por su compatriota Paulino Frydman!

Junto al Torneo de las Naciones se realizó el XVI Congreso de la FIDE, en el que se reunieron los delegados de los países, donde algo inesperadamente se adoptó una trascendente e inédita decisión. En efecto, en su cuarta sesión, realizada el 18 de septiembre de 1939, se acordó trasladar transitoriamente la sede de la FIDE a Buenos Aires (desde La Haya). Asimismo se resolvió nombrar “Presidente efectivo” de la entidad al titular de la Federación Argentina de Ajedrez, Augusto De Muro, con mandato hasta el próximo Congreso Internacional. Como reconocimiento, y tal vez para lograr su aquiescencia, se designa al saliente Alexander Rueb como Presidente Honorario.

Las propuestas referidas fueron formuladas por el Dr. Luis Oscar Boettner, representante de Paraguay,2 haciéndolo en nombre de la Federación de su país y expresando la voluntad de Uruguay, Bolivia, Ecuador, Chile, Perú, Costa Rica3 y Guatemala; las que no recibieron rechazo alguno y se decidieron: “…en virtud del estado de guerra existente en Europa, la imposibilidad de prever la duración del mismo y, teniendo en cuenta que la sede de la FIDE se halla actualmente en Holanda, foco del conicto europeo…”. En los países americanos había cierta clarividencia sobre lo que sobrevendría.

La sede de la FIDE estaba en la capital del país del que era nativo su Presidente, de alguna manera, fundiéndose y confundiéndose necesidades y posibilidades personales con cuestiones institucionales. En esos tiempos turbulentos, ello resultaba, con todo, comprensible. En ese contexto, se adujo que Holanda estaba en un “foco de conflicto”, pero los holandeses no lo consideraban así, algo cegados en la esperanza de no ser afectados por la guerra como país neutral. En la misma línea se expidió el periodista Adolf Seitz, quien dijo:

“Un ajedrecista de Holanda me escribe:

–Aquí, exceptuando la movilización, nada sucede. La vida es igual que antes–.

Ellos juegan matches interclubs y desde Navidad es de nuevo Holanda el centro del ajedrez internacional. Las 14 partidas del match entre Keres y Euwe han comenzado. (…) En un match el Club Kralingen venció al Bussum por 7 a 2– Finalmente, Keres venció a Euwe por 7½: 6½.4

Pero la realidad fue más fuerte, y el 10 de mayo de 1940 las tropas alemanas invadieron Holanda, obligando a la rendición poco después: Hitler no cumplía el tratado de paz.

Países representados y nómina de delegados al Congreso de la FIDE, 1939.

La decisión adoptada en 1939 no será reconocida, indudablemente bajo la influencia de una mirada eurocéntrica de los acontecimientos.5 Incluso al día de hoy en la página de la FIDE6 figura Rueb como Presidente por el periodo 1924-1949, sin referencias sobre lo actuado y decidido en la capital argentina. No son admisibles estas “cirugías históricas” con las que se trata, vana y banalmente, de extirpar acontecimientos reales borrándolos de la historia. Por eso creemos que la decisión de trasladar provisoriamente la FIDE a Buenos Aires debe ser objeto de reconocimiento público y de reivindicación.

El delegado de Ecuador doctor Carlos Ayala hizo notar que, de acuerdo con la letra y el espíritu de los estatutos, el Congreso era la autoridad suprema de la FIDE y, por ende,  podía adoptar cualquier resolución, incluso las que el holandés terminó cuestionando. Hablaron después, siempre para apoyar la iniciativa de claro tinte sudamericano, los representantes del Uruguay, doctor Rafael Mieres, y de Dinamarca, señor Jens Enevoldsen,7 con lo que se aprecia que no sólo naciones de la región estuvieron detrás de la iniciativa que aún debía votarse. Finalmente se aprobó la proposición en todos sus términos. El delegado argentino, doctor Luciano Long Vidal, al momento de decidirse la cuestión habrá de expresar que, si bien consideraba necesario el traslado de la sede de la FIDE, se abstendría de votar “por razones obvias”. Luego agradeció el honor que significaba para la federación local lo aprobado y elogió la actuación que había tenido el doctor Rueb, “quien había retenido la Presidencia durante más de diez años”.

Con todo, el holandés, lejos de sentirse congraciado con esa iniciativa, hizo algunas consideraciones acerca de las disposiciones estatutarias, y se retiró prontamente del local donde se estaba deliberando, por lo que el Congreso designó Presidente ad-hoc al mencionado Dr. Mieres. A continuación el Dr. Ayala propuso que se le diera un voto de aplauso a la FADA por la organización del certamen, iniciativa aprobada por aclamación. Se designó una Comisión para comunicar estas resoluciones al Presidente de la entidad local, señor De Muro, a quien se invitaría a presidir la sesión que se preveía realizar el día siguiente. Finalmente, y por sugerencia del representante de Guatemala, se dispuso comunicar la resolución a los delegados que, a la hora de la votación, estaban ausentes.8

La Asamblea de Clausura se concretó el martes 19 a partir de las 11.30, presidida por el delegado del Uruguay y con la notoria ausencia de Rueb. En ella se habrá de ratificar lo actuado en el Congreso, por lo que De Muro será formalmente designado como Presidente con el apoyo unánime de Uruguay, Chile, Paraguay, Lituania, Polonia, Bolivia, Canadá, Francia, Alemania, Bohemia y Moravia, Hungría, Estonia, Perú, Brasil, Costa Rica, Cuba, Guatemala y Ecuador, más la presencia de la señorita Mary Karff por los EEUU; y con la sola abstención9 de la Argentina.10

A De Muro lo habrán de acompañar en la gestión, siendo también consecuentemente designados en Buenos Aires, el Sr. Maurice Kuhns de los EEUU como Vicepresidente;11 el Prof. Marc Nicolet de Suiza como Tesorero, y el Dr. Joaquín Gómez Masía, también de Argentina, como Secretario del Bureau.


Asume De Muro como Presidente de la FIDE (Noticias Gráficas, 19 setiembre 1939).

Al expresarse el nuevo Presidente de la FIDE en forma pública el 18 de setiembre, en el contexto de la entrega de premios, con notable belleza discursiva, perspicacia y profundidad, pondrá el acento en el contraste entre dos continentes, al decir: “Ojalá vosotros, los de países cercanos a la gran hoguera, pronto podáis beneficiaros de la bendición de la paz. Llevaréis en vuestra alma el recuerdo de la placidez de los pueblos de América, que siempre creyeron en las leyes que refirman la fraternidad humana.”.

No dejando espacio a las dudas, un poco más adelante De Muro manifestará: “Buenos Aires será sede de la Federación Internacional de Ajedrez. Así lo ha resuelto el Congreso que clausuró hoy sus sesiones…”.12 Y en el Boletín en el que se registra lo actuado en el Congreso, comenzará diciendo: “Los delegados que concurrieron al Torneo de las Naciones, en una de las sesiones del Congreso Internacional decidieron que Buenos Aires fuera la sede de la FIDE y me honraron designándome presidente de la entidad”. Y en un mensaje implícito a su antecesor, que venía ejerciendo la titularidad de la entidad por más de quince años, agregará: “Este régimen de cambio frecuente permite que se renueven las ideas, que se multipliquen los esfuerzos y que se acreciente el interés. No es admisible, a mi juicio, que la Federación Internacional, como cualquiera otra federación del mundo, tenga en su dirección a hombres con carácter vitalicio, porque debe incorporarse siempre, a estos organismos, gente nueva, que los remoce y los vigorice…”.

 

Rueb se retira de la Asamblea y De Muro es designado (La Razón, 18 de setiembre de 1939). Nótese el uso del condicional en el título para referirse a esa elección.

Más adelante dijo, con respecto al campeonato mundial, que se compromete a “que su disputa no puede ni debe hacerse sin la intervención directa de la FIDE”. Formulará a su vez un pedido, que fue del todo desoído:13 que para el próximo congreso el Dr. Rueb haga entrega de todos los archivos.

Sobre estos episodios los peruanos confirman que lo decidido en Buenos Aires no fue un mero capricho local: “Además del Torneo de las Naciones, se realizó el Congreso de la FIDE, cuyo presidente el doctor Rueb, holandés, ocupaba el cargo desde hacía muchos años, ejerciendo una virtual dictadura. Entre los delegados de América y algunos de Europa se formó el consenso de que debía elegirse nuevo presidente ejecutivo. Nuestro delegado era el doctor José Jacinto Rada, cónsul general de Perú en Argentina, que había sido designado delegado merced a sus dotes diplomáticas, más que por sus méritos ajedrecísticos. Precisamente esas cualidades le permitieron calibrar con exactitud la situación para plantear la candidatura a la presidencia de la FIDE del señor Augusto De Muro, presidente de la FADA, considerando que en virtud del estado de guerra existente en Europa, era necesario trasladar provisoriamente la sede de la FIDE a Buenos Aires. Fue un éxito de la diplomacia peruana en el campo del ajedrez mundial. 14 También la Federación Ecuatoriana destacó el rol desempeñado por el delegado de ese país.15

La posición de Rueb fue rápidamente recogida en la revista holandesa De Schaakwereld16 en la cual, para referirse a estos hechos, a los que considera un “despojo”, titula: “Grave conflicto en la FIDE. Maneras sudamericanas17”, diciendo:

“El Congreso de la FIDE ha tomado algunas decisiones en las cuales se cuestiona el mandato de la presidencia del señor A. Rueb. En una de las decisiones de la asamblea general de ese organismo, se decidió trasladar la oficina de la FIDE, que se encuentra establecida en La Haya, hacia Buenos Aires, por un corto plazo. Se eligió al señor De Muro, presidente de la FADA, como presidente de la FIDE, tomando el cargo de su antecesor y nombrándose al señor Rueb como presidente honorario de la FIDE. Por su parte el señor Rueb no acepta el nombramiento y considera las medidas adoptadas como ilegales, por lo que no serán ejecutadas. Si los miembros de Sud América no cambian su posición, no se descarta la posibilidad de que ocurra un cisma en la FIDE. Mientras tanto, debemos de aguardar el desarrollo de los futuros acontecimientos”.


Alexander Rueb, Presidente de la FIDE, habla en el acto de clausura de la fase preliminar del Torneo de las Naciones (Caras y Caretas, Archivo General de la Nación).

Previamente, Seitz le había escrito una carta al Dr. Rueb el 25 de noviembre de 1939, en la que asegura: “Augusto De Muro (…) que en 1939 fuera obsequiado con la presidencia de la FIDE después de una asamblea en que contó con la complacencia de los aprovechados del ajedrez, y la muy lamentable inercia de otros, con lo que se cometió un acto incalificable de despojo hacia la persona del doctor A. Rueb“.18

En Buenos Aires, a excepción de lo dicho por Seitz, obviamente la visión de los acontecimientos será diametralmente opuesta. Considerando que lo actuado en el Congreso de la FIDE contaba con debida legitimidad, la actitud de desconocer lo resuelto fue acremente cuestionada y se la consideró cismática. Uno de los más enfáticos cuestionadores de Rueb fue el miembro fundador de la FIDE y campeón argentino Roberto Grau,19 quien dijo que el holandés no se resignó a que sea Buenos Aires la sede del ajedrez mundial, acusándolo de manejos autocráticos:20

“…Por unanimidad de votos, Buenos Aires fue elegida como nueva sede de la FIDE y el señor Augusto De Muro su presidente. Pero apenas regresó a Europa, el doctor Rueb negó legalidad a la resolución de marras, y pese a todas las federaciones del mundo, proclamóse único y verdadero presidente. Al iniciarse la disputa del Torneo de las Naciones, el doctor Rueb dirigió la palabra a los aficionados argentinos, única tarea que se ha reservado cada dos años. El hombre suele identificarse con sus esfuerzos. Cobra cariño a sus actividades, y si es director deportivo, a menudo se olvida de que ejerce un mandato y que sólo es representante de la voluntad de quienes lo designaron. Esto ha sucedido hasta la saciedad, y es la causa por la cual notables directores de federaciones, que en la primera hora fueron indispensables para el triunfo, fracasan lamentablemente más tarde, y deben ser desalojados violentamente de los puestos que consideran como un bien propio. La FIDE fue durante muchos años ejemplo cabal de esto.

Rueb dirigía la administración de la FIDE desde su hogar y nunca hubo un orden en la misma, ni un archivo que guardara la verdadera historia de la FIDE. La FIDE eran él mismo y su memoria, y los problemas fundamentales del ajedrez mundial, entre ellos el campeonato, nunca fueron tratados con la energía y la autoridad necesarias. Los Congresos de la FIDE se realizaron siempre durante la disputa de los Torneos de las Naciones, pero el orden del día y la designación de autoridades se efectuaban  en  pequeñas reuniones del Comité Ejecutivo que se realizaban en alguna ciudad europea, junto con algunos delegados que recibían poderes para actuar en los mismos. De esta forma se escamoteaba a los grandes congresos la posibilidad de remover la mesa  directiva, y de encarar asuntos de real importancia, como juzgar actitudes y eficiencias.

El doctor Rueb se convirtió, poco a poco, en el dictador de la FIDE, y en un viajero que todos los años se hacía pagar los gastos de su esposa para actuar en los congresos, que debían tratar tontas órdenes del día e inaugurar solemnemente los grandes torneos por equipos, única actividad eficaz de la FIDE: era necesario terminar con un estado de cosas tan anormal. Rueb había convertido a la presidencia de la FIDE en un bien propio, en los debates hacía respetar la orden del día cuando le convenía, e incorporaba asuntos cuando éstos eran propiciados por él o por la Federación Suiza, que lo seguía fielmente. De hecho, el tesorero de la FIDE a perpetuidad, el señor Nicolet, era uno de sus miembros. Así lo entendieron en Buenos Aires los delegados, que, extrañados ante la forma de conducir los debates, la ausencia de un programa y la carencia de datos concretos sobre la administración de la FIDE, agregados al problema del momento planteado por la guerra, –que habría de agravar esta inercia– resolvieron designar sede provisoria de la FIDE a Buenos Aires, por su gran alejamiento del conflicto; y al presidente de la FADA, don Augusto De Muro, presidente de la FIDE, premiando así su esfuerzo más extraordinario que registra la historia del ajedrez mundial en todo su desarrollo.

La resolución se adoptó por absoluta unanimidad de votos. Hubo alguna abstención, que en la reunión final de la clausura del congreso, desapareció, pues el acta fue firmada por todos los delegados. Quiere decir que había un acuerdo perfecto y que era evidente el deseo de separar al doctor Rueb del puesto. Pero el doctor Rueb no se resignó, y una vez en Europa, se dedicó a escribir cartas negando la legalidad de la resolución de Buenos Aires, y proclamándose único y verdadero presidente de la FIDE, mal que le pese a todas las federaciones del mundo. Es una postura pueril y un tanto ridícula, pero que podría dañar al ajedrez del mundo. Es un asunto desdichado, que puede llevar a conmover las bases de la FIDE, y que por primera vez ve la luz pública ante la campaña un tanto turbia del bueno del doctor Rueb, Presidente de la FIDE, que no se resigna a la realidad”.21

No pudo haber sido Grau más claro acerca de los entretelones ulteriores a la decisión de traslado de la sede de la FIDE a Buenos Aires. El perfil que trazó sobre el Presidente saliente fue contundente, por lo que resultó de alguna manera esperable su comportamiento ulterior. Lamentablemente el argentino no podrá seguir con su encendida prédica ya que fallecerá prematuramente muy pocos años después, en 1944. La tesis de que la decisión del traslado de la FIDE a Buenos Aires en definitiva no fue operativa, no tiene en cuenta que el mundo estaba desmembrado y no había condiciones para organizar encuentros internacionales. De Muro hizo lo que pudo, y su acción se redujo a unos pocos eventos.

El Dr. Rueb y un posible cisma en la FIDE (R. Grau, ¡Aquí Está!, 18 mayo 1940).

Hubo un intercambio epistolar del nuevo Presidente de la FIDE con el campeón mundial Alekhine, en el que se abordó la problemática de un posible match por la corona que, como F.I.D.E. será la que siempre ha sido. Es decir, por el sincero deseo de una colaboración eficaz con vías de llegar a una reglamentación permanente para los matches por el título”.
ya sabemos, no habría de prosperar. En alguna de las misivas, el francés le reconoció el estatus al argentino diciendo que: “en cuanto a la F.I.D.E., mis reproches y críticas se refieren únicamente al pasado, es decir, a la actividad del bureau precedente encabezado por el Dr. Rueb”. Y en una esquela datada el 28 de octubre de 1939 dirigida a De Muro como Presidente de la FIDE, Alekhine expresa que: “para el porvenir mi actividad para la F.I.D.E. será la que siempre ha sido. Es decir, por el sincero deseo de una colaboración eficaz con vías de llegar a una reglamentación permanente para los matches por el título”.

Lo que suele sostenerse de ese oscuro periodo, y así lo esgrime no sin razón el historiador inglés Edward Winter,22 es que la FIDE ingresó en un interregno23 entre 1939 y 1946, es decir desde el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, y hasta poco tiempo después de su finalización, lo que es comprensible desde una perspectiva estrictamente europea.24 Para peor, lamentablemente, siempre en busca de dar claridad a la situación, no existen registros de la FADA que puedan ser consultados, debido a la poca afición argentina por preservar archivos históricos, y a un incendio.25 Con todo, podría pensarse que cuando Miguel Najdorf hizo una extraordinaria exhibición de simultáneas a ciegas en 1943 en la ciudad de Rosario,26 al designarse Veedor,27 el Presidente de la FADA De Muro seguramente asumió que lo hacía también en su calidad de titular de la FIDE. Sin embargo años después se argumentará que ese acontecimiento no tuvo escrutinio federativo mundial, por lo que el récord no será homologado.28

En cuanto al papel de De Muro como titular de la FIDE, cuando se presentaba en actividades de la esfera local, lo hacía en tal calidad. Ello se dio, por ejemplo, cuando se verifica la primera edición del Torneo de Mar del Plata en 1941.29 Gideon Ståhlberg fue el vencedor30. Allí De Muro, conforme las crónicas periodísticas de la época, inaugura el torneo en su doble carácter de Presidente de FADA y de FIDE. Al rever lo actuado en el Congreso de la FIDE de Buenos Aires, se puede resaltar, adicionalmente, la evidente tensión geopolítica entre las federaciones de un continente que entraba en llamas (Europa podría decirse se apoyaba más en un fulgurante pasado que en su caótico presente) y otro que se mantenía pacífico (América venía asomando desde hacía tiempo, orgullosamente mirando al futuro).

 

De Muro inaugura el Torneo de Mar del Plata´41 (La Nación, 16 de marzo de 1941).

La representación continental de América incrementó su valor deportivo y político en el contexto del Torneo de las Naciones. A la capital argentina concurrieron, produciendo su debut olímpico, Cuba (con el excampeón mundial Capablanca a la cabeza), Brasil (que había estado antes sólo en los Juegos oficiosos de Münich´36), Chile, Canadá (una presencia aislada de un jugador de esa nacionalidad en el Torneo oficioso de París´24 no debería hacernos alterar su inclusión en esta tipificación), Uruguay, Ecuador, Guatemala, Perú, Bolivia y Paraguay.

De todas maneras, la representación en el Congreso no necesariamente está correlacionada con la presencia olímpica. Hubo un país que participó de la prueba pero que no presentó delegado (Cuba)31 y tres casos en los que, sin jugar, de todas maneras designaron personas en tal carácter (Costa Rica, EEUU32 y Puerto Rico).

En definitiva en Buenos Aires, de los veintisiete (27) representantes ante la instancia decisoria de la FIDE, trece (13) fueron del continente anfitrión. Un giro copernicano se dio entonces en 1939 en el mapa ajedrecístico mundial. Europa, que venía protagonizado casi con exclusividad, y sin solución de continuidad, todo el panorama olímpico previo, y consiguientemente siendo el escenario de los ámbitos en los que se tomaban las decisiones de la FIDE, se veía ahora interpelada por otros actores que buscaban hacerse oír. La presencia de numerosos nuevos referentes regionales provocará un nuevo equilibrio en el juego de poder de la entidad que, obviamente, fue el telón de fondo de las decisiones adoptadas en 1939.

Pero si lo de De Muro como Presidente de la FIDE no tendrá, como podría ser de esperar, reconocimiento fuera de las fronteras de su país, resultará del todo penoso que, concordantemente, la legitimidad de su actuación vaya a ser esmerilada en la propia Argentina. El medio local nunca se caracterizó, ni en sus comienzos, ni después, ni tal vez nunca, por su armonía institucional. En general, se han dado interpelaciones graves de unos actores respecto de otros (Club Argentino vs. Círculo de Ajedrez, a los inicios; aquella entidad versus la naciente FADA, poco después; clubes del interior del país contra los de la capital argentina y sus zonas de directa influencia, y dirigentes contra jugadores, casi siempre), en un contexto dilemático que podría extenderse a otras esferas de una argentinidad a la que le cuesta alcanzar consensos perdurables.

En ese orden de ideas, no habrá de extrañar que De Muro, pese a encabezar una federación que orgullosamente había sabido organizar las máximas pruebas colectivas mundiales (la olímpica y la de mujeres) y que tenía en sus manos la conducción de la FIDE por decisión del último Congreso, será desplazado de la Presidencia de la FADA en 1941 por Carlos Querencio, tras el grave problema financiero derivado del Torneo de las Naciones. Como consecuencia de ello, el reclamo de De Muro para seguir siendo considerado como principal responsable de la entidad mundial, pasa a ser meramente personal, y ya no es avalado por la institución federativa de origen.

Sabiéndolo o no, Querencio, y los dirigentes que le acompañan en su propuesta terminan siendo funcionales a Rueb y, de hecho, retiran el reclamo de reconocimiento al traslado de la Presidencia de la FIDE a la Argentina, decidida en el Congreso de 1939. Peor aún, cuando la entidad reemerge en su versión estrictamente europea luego de la guerra en el Congreso de Winterthur33 en 1946, la FADA asumirá una actitud pasiva y permite que se convalide que la decisión de trasladar la sede a Buenos Aires de 1939 sea borrada de los registros históricos.34
También pudieron haber influido otras querellas, como las de Querencio con Grau quien, como sabemos, fue uno de los que más sostuvieron las decisiones de 1939 y de quienes cuestionaron a Rueb por el cisma federativo que, aunque por un breve tiempo, de alguna manera terminó por imponer. Si Querencio no se ocupó de al menos respetar el legado de

 

los hechos históricos, lo propio habrá de acontecer, de una u otra forma, con las futuras gestiones de la FADA, siempre alineadas con la dirigencia de FIDE, lo que perdura hasta nuestros días sin solución de continuidad.

Avanzada la década del 40, un De Muro que hacía tiempo había dejado de ser Presidente de la FADA, no obstante, al menos en los medios de prensa locales, seguía siendo sindicado como Presidente de la FIDE. Por caso, cuando en 1945 se realiza el IX Torneo Internacional del Círculo (II Memorial Grau) que ganó Najdorf, ya se había producido el cisma, creándose la Federación Metropolitana (de la ciudad de Buenos Aires) que se oponía a la FADA. Se decía:

“El 3 de mayo se realizó el acto inaugural del II torneo Magistral Roberto Grau in Memoriam, organizado por el Círculo de Ajedrez en sus salones de Cerrito 1241, y en el que estará en juego el Trofeo Molinos Río de la Plata. El Presidente P. Barbé destacó su importancia, y exaltó la figura de Grau. Destacó asimismo la presencia del Presidente de la FIDE, Augusto De Muro, el Presidente de la Asociación Metropolitana, C. de la Llave, el del Club Jaque Mate, D. Palazzo, y el del Círculo de Vélez Sarsfield, J. Castellanos”.35


A la izquierda, Augusto De Muro hablando en la inauguración y, a la derecha, Alexander Rueb, Augusto De Muro y Luciano Long Vidal (el delegado argentino) durante la clausura del Torneo de las Naciones de 1939. (Archivo General de la Nación).

Una vez que acaba la Segunda Guerra Mundial, el Viejo Continente recuperará las riendas perdidas, con la mencionada virtual refundación de la FIDE en 1946 en Winterthur. En ese momento Rueb reasumirá plenamente, con lo que comenzará a normalizarse un funcionamiento36 que había quedado paralizado por la vigencia del conflicto armado.37

Esta evolución de los acontecimientos no puede acallar el hecho incontrastable que en 1939 se habían adoptado medidas altamente consensuadas: trasladar provisoriamente la sede de la FIDE a la capital argentina, y designar como Presidente de la entidad al Dr. Augusto De Muro. Para mayor claridad, cuando la FIDE, encabezada de nuevo por Rueb, reinicia sus actividades en 1946, no adopta ninguna decisión que dé por inválido lo actuado en el previo Congreso de Buenos Aires de 1939. Simplemente lo ignora. Por tanto, lo resuelto en aquel momento tuvo y tiene plena validez, y De Muro debe ser considerado Presidente de la entidad mundial en el periodo 1939-1946. Todavía hoy estas resoluciones son negadas en  la historiografía oficial, hecho que podría calificarse como una flagrante “cirugía histórica”.

Este documento tiene una doble finalidad: por un lado, dar a conocer a la comunidad ajedrecística mundial unos episodios que son habitualmente ignorados; por el otro, instar a la FADA para que propicie la reparación histórica en la materia, o a la FIDE que lo haga por sí misma, en respeto a una verdad histórica que debe ser objeto de reconocimiento por parte de la comunidad ajedrecística mundial.


Bibliografía:
Archivos personales de Juan Sebastián Morgado.
Copié, José A.; Remember 1939 Torneo de las Naciones, Edición de autor, 2009. Morgado, Juan S.; Luces y sombras del ajedrez argentino, Editorial Dunken, 2014.
Negri, Sergio E. y Arguiñariz, Enrique J.; La generación pionera (1924-1939), tomo 1 de
Historia del Ajedrez Olímpico Argentino, Senado de la Nación Argentina, 2012. Pinzón Sánchez, Felipe; El ajedrez en el Perú, Fondo Editorial, Lima, 2010.

1 En el libro de Negri y Arguiñariz citado en la bibliografía se presenta una investigación puntual del tema bajo el título Inventario del horror. Se puede también acceder a ese texto en http://ajedrez12.com/2017/01/25/inventario-del-horror/.

2 El Dr. Boettner será el cuarto campeón de ajedrez que tendrá Paraguay, lo que alcanzará en los años 1946 y 1947. Además, evidenciando sus dotes diplomáticas, habrá de ser embajador de su país ante el Vaticano y los EEUU.

3 Costa Rica no jugó el Torneo de las Naciones (por falta de dinero para abonar los pasajes de sus jugadores), pero estuvo representado en el Congreso por Joaquín Gutiérrez Manguel, un “tico” que fue múltiple campeón de su país, la primera vez en 1937; también había sido previamente el segundo tablero del conjunto neoyorkino encabezado por Frank Marshall. Ulteriormente, se radicará en Chile donde desarrollará una carrera ajedrecística.

4 En Revista Caissa, enero 1940, en Morgado, obra citada en la bibliografía.

5 Por ejemplo Erwin Voellmy, delegado suizo en Congresos, afirmó que la FIDE no había dado señales de vitalidad desde el Congreso de París en 1938, y que durante el periodo de la guerra, ninguna Federación europea hará los aportes a la entidad, a excepción de Dinamarca, por lo que la FIDE “había prácticamente cesado de existir”. [Schweizerische Schachzeitung, noviembre de 1946, citado por Edward Winter en http://www.chesshistory.com/winter/extra/interregnum.html.]

6 En https://www.fide.com/fide/fide-world-chess-federation/fide-presidents.html.

7 El delegado danés, no obstante lo previamente opinado en el Congreso, se ausentará. Con todo se verificará que otros países europeos aprobarán a su tiempo la respectiva moción.

8 Al revisarse la nómina de delegados se observan algunas curiosidades. De Muro aparece en el Congreso como representante de Puerto Rico (y no de su Argentina natal). El ¨palestino” Czerniak, polaco de nacimiento, y futuro israelí por elección, es delegado por Noruega. Los EEUU, que no jugaron el torneo, estuvieron en cambio presentes en las deliberaciones. Hungría y el Protectorado de Bohemia-Moravia (la ocupada Checoslovaquia), estuvieron representados por el delegado de Alemania. Y dos grandes figuras del ajedrez, el estonio Keres y el polaco Tartakower, tuvieron en 1939 el doble carácter: jugadores y delegados de sus países ante la FIDE.

9 Hay fuentes que indican que Letonia se abstuvo, pero ello no surge del Boletín del Congreso. En todo caso estuvo ausente, junto a Holanda, Islandia, Bulgaria, Irlanda, Palestina y Dinamarca.

10 Fuente: Boletín Oficial del XVI Congreso de la FIDE. Si se efectúa el cruzamiento de esta nómina con los equipos que efectivamente jugaron en Buenos Aires, se observará que no existe una absoluta correspondencia. Ello es posible ya que la presencia de los países en el Congreso de la FIDE es independiente de la actuación olímpica de los respectivos países.

11 Kuhns, quien no estuvo en Buenos Aires en oportunidad del Congreso, le dirige a De Muro una carta fechada el 26 de septiembre de 1939 en Chicago, en la que le reconoce al argentino su condición de Presidente de la FIDE evidenciando el apoyo de la poderosa federación norteamericana. Una curiosidad, la misiva la suscribe autodenominándose “Presidente Vitalicio”. Podría decirse casi como Rueb.

12 En la edición del diario La Nación de la ciudad de Buenos Aires, 20 de septiembre de 1939.

13 En julio de 1947, Rueb, a quien se consideraba como el “presidente legal” de la FIDE, reconoce en una revista suiza que tanto él, como su esposa y tres hijos, sobrellevaron felizmente las alternativas de la guerra, pero que todos los archivos, premios, recuerdos y libros de la FIDE fueron destruidos totalmente por el fuego. (En Enroque!! nº 46, pág. 150, Archivo de Morgado).

14 En el trabajo de Felipe Pinzón Solís, páginas 11/12, citado en la bibliografía.

15 En http://www.federacionecuatorianadeajedrez.org/jugadores/historia-ajedrez- ecuatoriano/724-historia-del-ajedrez-ecuatoriano-2.

16 Corresponde a la edición de esa revista del mes de diciembre de 1939, pág. 147. Citado en las obras de Morgado y de Copié mencionadas en la bibliografía, conforme a las traducciones de Hébert Pérez García y Walter Mooij, respectivamente.

17 Lo de “Maneras sudamericanas” suena estigmatizante, del todo impropio. La decisión adoptada en Buenos Aires fue compartida por numerosas delegaciones europeas.

18 Allí agrega que los que se aprovecharon de la situación fueron las ligas americanas. En Caissa Nº 19 de noviembre de 1939, pág. 114, en Morgado, obra citada en la bibliografía.

19 Es interesante destacar que Grau fue uno de los quince delegados fundadores de  la  FIDE, creada luego del Torneo de las Naciones de París en 1924 donde se designa a Rueb como Presidente: todos los representantes fueron europeos, menos el argentino y el canadiense Smith.

20 Pensaba parecido Edward Winter. http://www.chesshistory.com/winter/extra/disorder.html.

21 Nota de R. Grau en ¡Aquí Está!, 18 de mayo de 1940. En Morgado, obra citada en la bibliografía.

22 Por ejemplo Edward Winter, al comentar el torneo de Münich de 1941 auspiciado por  el régimen nazi, donde participa entre otros, Alekhine, destaca que fue organizado con absoluta independencia de la FIDE, “que prácticamente había dejado de existir”. Ver http://www.chesshistory.com/winter/extra/munich.html.

23 En http://www.chesshistory.com/winter/extra/interregnum.html.

24 Más allá del proceso de “hibernación” en que cayó la FIDE, debe destacarse que hubo intensa actividad ajedrecística en el continente americano, tanto en Estados Unidos como en Brasil, Chile, Uruguay y particularmente en la Argentina (los torneos de Mar del Plata serán un clásico).

25 Ese hecho se producirá cuando Buenos Aires vuelva a ser sede olímpica en 1978. Eran tiempos de oscuridad en el país, con una dictadura militar en el gobierno. Hubo acusaciones de manejos financieros oscuros, y se dijo que el incendio pudo haber sido intencional.

26 La sesión de simultáneas ocurrió entre el 9 y el 10 de octubre de 1943 en la sede del Círculo de Obreros de Rosario, a 40 tableros. Najdorf obtuvo +36 =1 -3. La marca anterior le pertenecía al belga G. Koltanowski quien, en 1937, en Edimburgo, disputó una prueba similar ante 34 rivales. Fue él quien reclamó que este record no debía ser considerado válido. Seguramente Najdorf se enteró de esos cuestionamientos durante su gira europea de 1946, en la que participó de los torneos de Groninga, Barcelona y Praga, siendo primero en los dos últimos. La FIDE renaciente había establecido que esas competencias fueran clasificatorias para el campeonato mundial que decidiría el sucesor del fallecido Alekhine, pero Najdorf no fue invitado bajo pueriles excusas.

27 Ofició en ese carácter el Presidente de la Federación Rosarina, señor Vicente Pomponio. Los fiscalizadores de las simultáneas fueron Roberto Grau, Héctor Rossetto y Oscar García Vera.

28 Najdorf, entonces, dará una exhibición aún más amplia en San Pablo el 24 de enero de 1946, a 45 partidas (+39 =4 -2). Esta vez hubo control internacional, pero también fue cuestionado por Koltanowski, porque la FIDE estaba aún en vías de reaparición. Najdorf buscaba darse visibilidad apareciendo en los medios de prensa internacionales, con idea de contactarse con su familia polaca, pero comprobó que todos ellos habían sido exterminados.

29 En el diario El Mundo, 12 de marzo de 1941. También inauguró el Campeonato Argentino por Equipos de ese año en Paraná, ejerciendo ambos roles (La Nación, 21 de setiembre de 1941).

30 Esta prueba mostró el impacto que produjo el Torneo de las Naciones de 1939 con la emigración de notables figuras europeas. Segundo fue Miguel Najdorf, aún polaco; luego siguieron el austriaco Erich Eliskases; el alemán Ludwig Engels, el polaco Paulino Frydman; el letón Movsas Feigins; los germanos Paul Michel y Viktor Winz, el malogrado estonio Ilmar Raud; el lituano Markas Luckis, el rumano Juan Iliesco, el futuro israelí Moshe Czerniak; y dos que emigrarán: la alemana Sonja Graf, y el polaco F. Sulik. De dieciocho jugadores sólo cuatro eran del país anfitrión.

31 La isla caribeña no era aún miembro de la FIDE, lo que se resolvió precisamente en Buenos Aires. Para que el equipo pudiera participar, se había adoptado previamente una decisión ad-hoc, especialmente por el deseo de ver a Capablanca en pruebas olímpicas y la posibilidad de que se reeditase, su enfrentamiento con el campeón Alekhine, que finalmente se frustró.

32 La ausencia de los EEUU fue insólita y mostró un egoísmo extremo: sus jugadores no se pusieron de acuerdo con el esquema de premios ofrecidos y decidieron no participar.

33 Al respecto se reproduce parcialmente la siguiente significativa nota aparecida en la revista oficial de la FADA. Bajo el título: “Congreso de la FIDE: 8 países, ningún argentino”, se expresa: ”Entre el 25 y el 27 de julio de 1946 se realizó en Winterthur, Suiza, la XVII Asamblea General de la FIDE, con la presencia de los delegados de sólo ocho países (Francia, Bélgica, Holanda, Inglaterra, Suiza, Checoslovaquia, España e Italia), además del Comité Central formado por Alexander Rueb (Presidente) y D. Hajek (Tesorero y Administrador). También asistió W. Muller. Faltaron importantes miembros como Rusia, Estados Unidos, o la propia Argentina. El Comité Central de la FIDE reconstruida quedó formado por Alexander Rueb como presidente, Mauricio S. Kuhns como vice, W. Preisswerk como tesorero, y miembros a designar por cada zona”. [El Ajedrez Argentino 2ª época nº 2 al 4, todos de 1947. En ningún momento la revista menciona al presidente designado por el Congreso de Buenos Aires, 1939, Augusto De Muro. Grau ya había fallecido y la FADA estaba dominada por sus adversarios].

34 Sobre ese Congreso, bajo el título “Será reorganizada la entidad directora del ajedrez mundial”, Carlos Portela reconoce a De Muro en La Nación: “Caducas todas las autoridades de la FIDE,… el Dr. Rueb, activo ex Presidente por varios períodos, ha decidido convocar a las federaciones afiliadas tomando por base las que han ratificado su adhesión, y las adheridas hasta 1940. A tal efecto (.…) va a reunirse en Winterthur el XVII Congreso de la FIDE. Ya Don Augusto De Muro expresó en repetidas ocasiones su deseo que fuera precisamente Rueb (.…) quien tomara tal iniciativa, reiterándolo con motivo de la vacancia del título mundial tras el fallecimiento de Alekhine. Como se recordará, el Señor De Muro fue elegido Presidente de la FIDE por el Congreso celebrado en Buenos Aires, 1939, … entendiendo que la sede de la FIDE no podía hallarse tan alejada de los centros ajedrecísticos más importantes del mundo. La terminación de la guerra y la situación de las autoridades de la FIDE…, acentuaron la urgencia de resolver ese estado de cosas, entre las que tiene particular importancia el Campeonato del Mundo, que debe ser dirigido y organizado por la FIDE, como lo ha sostenido reiteradamente La Nación” (La Nación, 12 de julio de 1946).

35 En igual sentido, cuando De Muro es entrevistado por Radio Rivadavia en diciembre de 1945, se señalará que lo hacía en calidad de Presidente de la FIDE, como lo indica la Revista de la  Asociación Metropolitana de Ajedrez nº 11/12, enero-febrero, pág. 151/3.

36 Sólo dos años después se organizará el ciclo que coronará al soviético Mijaíl Botvínnik.

37 El Congreso se realizó en Winterthur (próximo a Zurich) del 25 al 27 de julio de 1946, según E. Winter, y del 22 al 25 en la perspectiva de Timothy Harding (´FIDE takes control´, sugestivo título de su trabajo en https://worldchess.com/2016/01/06/history-of-the-world-ch-part-iv-fide-takes- control/). Concurrieron delegados de Bélgica, Checoslovaquia, España, Francia, Gran Bretaña, Italia, los Países Bajos y Suiza. La URSS recién se afiliará un año más tarde, y no se observó participación de ningún país extraeuropeo, particularmente Argentina. Tampoco estuvo la Federación de Estados Unidos. Ver http://www.chesshistory.com/winter/winter12.html.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El día en que la FIDE se muda provisoriamente a Buenos Aires
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