Wilhelm Steinitz y una nueva visión del ajedrez

Wilhelm Steinitz nació en Praga (en ese momento parte del Imperio austríaco) el 18 de Mayo de  1836 y falleció en New York el 12 de Agosto de 1900. Ajedrecista de valía desde su juventud, se midió con éxito contra los mejores jugadores de su época y fue el primer Campeón Mundial oficial a partir de 1886. Fue el primer ajedrecista en sentar los principios básicos del juego posicional, por lo que su contribución al desarrollo de nuevas ideas y formas para desarrollar la partida de ajedrez marcó un antes y un después en la forma de comprender el desarrollo de la misma.

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Por Horacio Olivera

El  joven Wilhelm, antes de cumplir los veinte años de edad y con el objeto de estudiar ingeniería, se radicó en Viena, ciudad de tradición y gran actividad ajedrecista; así que rápidamente su interés se dirigió al ajedrez. Como sus progresos fueron rápidos, comenzó a ganarse la vida jugando por dinero en los cafés de la ciudad, convirtiéndose en poco tiempo en el mejor jugador de la zona.

Decidido pues, a dedicarse plenamente al juego ciencia, abandonó sus estudios y en 1862 jugó su primera competencia internacional, participando en el Torneo de Londres que ganó el gran Adolf Anderssen. Steinitz no desentonó y ocupó el sexto lugar entre catorce contendientes, recibiendo, además, el Premio de Belleza por su partida con Mongredien.

Tras el certamen, férreamente convencido de que lo esperaba un futuro venturoso en ajedrez, se afincó en Londres, ciudad considerada en esos tiempos como el centro neurálgico de la actividad.

Jugó a partir de entonces con frecuencia en la modalidad más difundida en competencias de alto nivel de ese momento, es decir en “matches” individuales, habitualmente provenientes de “retos” de uno u otro rival. Así, derrotó, entre otros, a figuras del calibre de Anderssen en 1866, a Zukertort en 1872 y a Blackburne en 1876 (a estos dos últimos en forma por demás contundente).En esos años también participó en torneos de formato tradicional, con destacadas actuaciones: fue tercero en París 1867 y segundo en Dundee 1867 y Baden Baden 1870 y ganó los torneos de Londres 1872 y Viena 1873. Ya en esos tiempos, muchos consideraban a Steinitz como el mejor jugador del mundo (o Campeón del Mundo no oficial).

Entre 1876 y 1882, Steinitz jugó muy poco, dedicándose sobre todo al periodismo en la revista inglesa “The Field”, en la que desde 1874 era responsable de la columna de ajedrez.

Se presume que fue durante ese período de relativa inactividad, que fue madurando y puliendo las bases de un nuevo estilo de juego, innovador y revolucionario, contrapuesto a la manera de conducir las partidas que tenían todos los ajedrecistas hasta ese momento (incluído él mismo en sus inicios); sabido es que en aquellos lejanos años todos los jugadores iban “por el cuero cabelludo del Rey”, según una máxima muy reveladora del estilo de juego habitual, caracterizado por partidas de ataque sin reparar en sacrificios materiales o consideraciones objetivas de la posición en el tablero.

Sería arduo adentrarnos en la enorme magnitud de los postulados “steinitzianos”, debido a las complejidades propias de tan amplia concepción; por lo demás, hay buena  literatura ajedrecística dedicada a desarrollar los mismos. Por lo tanto, mencionaremos solamente algunos breves puntos elementales,  que Steinitz sostuvo como fundamento de su innovadora visión:

  1. Ante todo, ha de procurarse construir una posición sólida.
  2. El bando dominante debe atacar, caso contrario puede perder su ventaja.
  3. El que está a la defensiva debe defenderse y hacer concesiones temporales.
  4. En posiciones equilibradas se debe maniobrar, intentando romper el equilibrio a favor de uno.
  5. En la lucha posicional, se deben ir acumulando pequeñas ventajas y transformar en constantes aquellas que son variables.

Basta que cualquier ajedrecista conozca los estilos ajedrecísticos del Siglo XIX , para que, al leer estas breves “reglas”, comprenda porqué se dice que Steinitz es el padre del ajedrez moderno, ya que si bien hoy en día parecen obviedades, en aquellos años eran cosas impensables de ser aplicadas al ajedrez romántico que campeaba en los tableros y poco menos que una locura pensar en “defenderse” o en “maniobras posicionales en posición equilibrada”.

A su retorno a las competencias , ya dispuesto a aplicar plenamente los principios de su juego posicional, Wilhelm Steinitz ganó el Torneo de Viena en 1882, delante de la nueva estrella que despertaba a la consideración mundial: el polaco Johannes Zukertort, quien al año siguiente habría de ganar en Londres, quedando el austríaco como escolta. Fue el comienzo de una gran rivalidad, matizada por la habitual hosquedad y el carácter irascible de Steinitz, lo que le granjeó la enemistad de muchos jugadores y, por ende, el favoritismo hacia Zukertort de la grey ajedrecística europea en general.

En vista de su situación incómoda, Wilhelm emigró a EEUU a finales de 1883, estableciéndose en New York. Allí, por fin, se llegó a la concreción del esperado “match” con Zukertort, por el Campeonato Mundial. Se jugó en New York, Saint Louis y New Orleans (la ciudad de Murphy, el genial jugador norteamericano fallecido pocos antes) y después de varios tropiezos en el inicio, Steinitz se impuso claramente por 10,5 a 6,5, despejando definitivamente dudas y consagrándose como el primer Campeón del Mundo oficial de la historia del ajedrez.

A partir de ese momento, Steinitz reinó ininterrumpidamente durante ocho años, defendiendo con éxito su título en “matches” contra el ruso Chigorin (1889 y 1892) y Gunsberg (1890).

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Chigorín a la izquierda, Steinitz a la derecha.

Para esas épocas ya la nueva visión del austríaco sobre el juego posicional había sido estudiada y adaptada a su juego por muchos de los más fuertes maestros de la arena internacional. En palabras del mismo Steinitz: “Por fin, los jugadores de hoy día como Lasker, Tarrasch, Pillsbury, Schlechter y otros, han comprendido mis principios, los han adoptado, y como es natural, han perfeccionado la obra iniciada por mí”.

En 1894, el gran jugador alemán Emanuel Lasker retó a Steinitz por el título, jugándose un “match” en las sedes de New York, Filadelfia y Montreal (Canadá). Si bien promediando el mismo el marcador estaba igualado, finalmente el campeón cedió y cayó derrotado por 10 a 5 y 4 tablas.

Después de la derrota, ya no volvió a obtener triunfos de relevancia, aunque siguió jugando un ajedrez pleno de virtuosismo e incluso obtuvo un meritorio quinto puesto en el certamen más fuerte de la historia hasta ese momento, como lo fue el Torneo de Hastings 1895 (cuya crónica hemos realizado en una nota anterior de Ajedrez 12) y buenas clasificaciones en otros torneos internacionales. Incluso, a fines de 1896 jugó un “match” revancha con Lasker en Moscú; ya con su salud muy deteriorada, perdió claramente por 10 a 2 y 5 tablas.

De regreso en EEUU, pasó sus últimos años muy enfermo y acosado por la demencia.

Wilhelm Steinitz ha sido, y sigue siendo, un referente insoslayable de la historia del ajedrez. Incluso hoy y acaso muchas veces sin siquiera saberlo, quienes avanzan por el intrincado camino hacia el perfeccionamiento de su juego, están siguiendo las enseñanzas que su genial talento nos dejara.

Wilhelm Steinitz y una nueva visión del ajedrez
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