Apollinaire y los emigrantes: piezas de ajedrez con un destino deseado, Argentina

En un nuevo aniversario de su muerte, recordamos la célebre figura de Guillaume Apollinaire (1880-1918), poeta francés, creador del termino surrealista. En esta nota se repasa brevemente su vínculo con Marcel Duchamp y su poema Zone, donde el ajedrez y Argentina, como destino de migrantes, aparece en una misma pieza. 

Por Sergio Negri

b1fc32b54d4f4e41e94c3e89ae80ff07bc5f6c163017181  Al prestigioso poeta francés Guillaume Apollinaire (1880-1918), nacido bajo el nombre Wilhelm Albert Włodzimierz Apollinaris de Wąż-Kostrowicky, en Roma, Italia, de madre polaca y padre que abandonó a la familia tempranamente, se le debe la invención del término surrealista, ese que habrá de caracterizar a una corriente artística que fue símbolo de toda una época y que mantiene sus grados de influencia hasta hoy en día.

Uno de sus máximos exponentes y fundadores será Marcel Duchamp (1887-1968), artista integral, de hecho uno de los más influyentes en todo el siglo XX, quien a su vez fue un reconocido ajedrecista.

A propósito de ellos dos, Apollinaire, cuando en 1913 presenta el Manifiesto cubista, dentro de los pintores analizados está desde luego su compatriota quien, sólo tres años atrás, había sabido representar una escena familiar que transcurría en Puteaux, barrio periférico de París, donde el hermano de Marcel, de nombre Raymond, tenía una casa.

La pintura los exhibe jugando al ajedrez en el jardín con sus respectivas esposas. No obstante, esa obra responde al impresionismo, y no aún al emergente cubismo, escuela que será abrazada por Duchamp, que debe ser considerada fuente directa del aún no surgido surrealismo.

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Cuadro El juego de ajedrez de Marcel Duchamp

Este movimiento habrá de tener su momento fundacional en 1924 cuando se publicará su Primer Manifiesto. Ese año, por otra parte, se lo verá a Duchamp jugar en París el Torneo de las Naciones de Ajedrez. Pero no nos desviemos tanto de nuestro asunto.

Digamos entonces que la expresión surrealista fue acuñada justamente por Apollinaire en 1917, cuando la utiliza en su obra de teatro Las tetas (Los pechos) de Tiresias.

Ese relato transcurre en Zanzíbar, la isla del Océano Índico que, desde su propio nombre, remite a otro juego, uno de dados, el zanzi, que era muy practicado por los franceses.

El ajedrez no aparece allí, sino que lo había hecho antes, en 1913, en los versos de Zone, texto incluido en su libro de poemas Alcools. Al referirse a los emigrantes, dirá lo siguiente:

“Miras con ojos llenos de lágrimas a estos pobres emigrantes/Creen en Dios rezan, sus mujeres amamantan los niños/Impregnar con su olor la sala de espera de la estación Saint-Lazare con su olor/Confían en su estrella como los Reyes Magos/Esperan ganar dinero en la Argentina/Y regresar a su tierra después de hacer fortuna/Una familia lleva una manta roja como cualquiera transporta su corazón/Esa manta y nuestros sueños son igual de irreales/Algunos de los emigrantes permanecen y se alojan/en la Rues des Rosiers  o en la Rue des Écouffes en tugurios/Los he visto a menudo por las noches mientras toman un poco de aire en la calle/Apenas se mueven como piezas de ajedrez /La mayoría son judíos sus esposas llevan pelucas/Sentadas en las tiendas permanecen exánimes”.

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Imagen de la página inicial de Zone de Apollinaire

Como se aprecia en la precisa y preciosa pintura que realiza el poeta de la situación, los emigrantes, en quienes se imaginan dosis parejas de sufrimiento por las condiciones en las que deben vivir y de esperanzas por lo que pueda llegar a venir, se mueven como piezas de ajedrez, tal vez tímidamente. La referencia en lengua francesa original reza así: “Et se déplacent rarement comme les pièces aux échecs”.

En otro signo de época, con algo de nostalgia, vemos también que se establece una suerte de Meca que aparece como deseable y posible: la Argentina, ese mítico rincón del sur del planeta en el que se podrá progresar, para alguna vez regresar a casa.

Al referirse a ese destino sudamericano, se formula un juego de palabras, ya que  la línea del verso de Apollinaire, en el original, se expresa así: “Ils espérent gagner de l´argent dans l´Argentine”.

Argent significa plata en tanto metal cuanto como moneda. Y, a su vez, es un afijo del nombre del país de destino, del que tomó el nombre: sabido es que deriva de argentum del latín.

En lo que respecta al significado, y con el curso de los acontecimientos, ese deseo de retorno no siempre se dará en el caso de los inmigrantes de tantos países que, en esos tiempos, y desde tan diversas geografías, podríamos decir que no sólo entonces, sino también más tarde y siempre, fluyeron al meridional destino sudamericano.

Es que los viajeros podrían llegar a no volver al ulteriormente decidir permanecer, definitivamente, en una Nación que los había recibido con los brazos abiertos, donde todo les resultará propicio, donde se desarrollarán como personas, donde construirán sus entornos familiares y sociales, donde terminarán por sentir como propio el suelo que los cobijaría.

Apollinaire, quizás como esos mismos emigrantes descriptos como piezas de ajedrez en estaciones que les servirán de punto de partida del nuevo horizonte, no llegó a intuir que ese destino tan distante sería el postrero.

Por lo pronto Zone, sin muestras de esa clarividencia, expondrá que esos seres humanos, lejos de ser trebejos exánimes o inertes, estaban movilizados por múltiples esperanzas en aras de progresar en la vida.

La Argentina les dará la bienvenida y brindará las oportunidades para que esos sueños se conviertan en palmaria realidad. Aquí serán algo más que meras piezas de ajedrez. En años sucesivos, en testimonio de ello, vendrán al país numerosos jugadores, como Juan Iliesco, Bernardo Wexler y Herman Pilnik, que lo harán en tiempos pioneros. Más tarde, tras el Torneo de las Naciones disputado en Buenos Aires en 1939, una constelación de figuras permanecerán en la región, encabezados por los egregios casos de Miguel Najdorf y Erich Eliskases, que se radicarán entre nosotros en forma definitiva, y los de Gedeón Stahlberg, Sonja Graf y Moshe Czerniak que permanecerán en forma transitoria. Unas lejanas geografías, desde la perspectiva europea,  esas que fueron imaginadas por Apollinaire como un destino tan estimable,serán más que propicias para esos ajedrecistas. También lo serán, desde luego, para tantos otros emigrantes que enriquecerán un continente que, de ese modo, verá fortalecida su faceta de crisol de razas en prueba de un temprano y siempre deseado multiculturalismo

Apollinaire y los emigrantes: piezas de ajedrez con un destino deseado, Argentina