Luis Argentino Palau: un peón ascendido a alfil

 Semblanza incluida en La generación pionera (1924-1939),  primer tomo de la colección Historia del Ajedrez Olímpico Argentino publicado por el Senado de la Nación, Año 2011, de los autores Sergio E. Negri y Enrique J. Arguiñariz.

Luis Argentino Palau (1897-1971) quedó en la historia del ajedrez nacional al haber sido el primero en obtener una medalla olímpica. Se inició en la práctica oficial del ajedrez algo tardíamente, cuando tenía veinte años, ingresando en el Círculo de Ajedrez que se funda por esa misma época. Queda incorporado a la primera categoría en 1919 y, un año más tarde, participa en el primer campeonato nacional.

En 1922 obtiene el primer éxito de importancia al clasificarse campeón del Círculo de Ajedrez, ganando invicto el torneo anual de esa entidad por delante de Fernández Coria, Grau y Guerra Boneo. Al año siguiente comparte con Reca el primer puesto en el torneo de Vélez Sarsfield.

En 1924 vuelve a ocupar el primer puesto en el torneo del Círculo de Ajedrez (el que retendría en forma ininterrumpida hasta 1929) y comparte, con Grau y Fernández Coria el segundo lugar en el Torneo Mayor de la Federación Argentina, lo que le vale ser designado como integrante del equipo nacional en los Juegos de París.

En los campeonatos argentinos Palau debuta con un octavo puesto en 1921-2. Luego es cuarto en tres oportunidades: en 1923-4, en 1924 y en 1926. Su mejor posición fue el subcampeonato en 1927-28 (detrás de Reca). Luego, o no participa, o decae notoriamente en su rendimiento, tales fueron los casos de las competencias de 1931, 1934 y 1938, época para la cual ya se había empezado a producir el correspondiente recambio generacional (que, empero, no lo afectó a Grau, que era tan sólo tres años menor respecto de Palau). Desde entonces quedó relegado de las posiciones principales.

En el año 1925 conquista su triunfo personal más consagratorio, al ganar en Montevideo el campeonato sudamericano delante de Reca y de Grau.

Pero lo de Palau fue particularmente brillante en las Olimpíadas. En París´24 es el único en acceder a la final, por lo que merece una medalla de bronce. Esa medalla, si bien fue dispensada en unos Juegos no oficiales, sería la primera que obtendría un nacido en el continente americano.

En Londres´27 y en La Haya´28 repite su destacada performance, siendo en estos dos casos el connacional que más puntos aportó a la escuadra argentina.

Con posterioridad interviene en varios torneos de maestros que se realizan en Buenos Aires, pero va decayendo la intensidad de su práctica competitiva. Regresa, sin embargo, en 1944, ocupando el primer puesto en un grupo del campeonato de la ciudad de Buenos Aires y ganando el torneo anual del Círculo de Ajedrez. En 1945 ocupó el tercer puesto en el torneo “Roberto Grau” (recientemente fallecido, ¡y con quien había sido compañero de tantas luchas!), y en el campeonato del Círculo de Ajedrez de 1946 compartió el primer puesto con Nogués Acuña.

Fue codirector con Grau de la Revista mensual El Ajedrez Americano y durante muchos años redactor del diario La Prensa. Desde 1953, hasta su muerte, fue el director de la Revista Ajedrez de Editorial Sopena.

Fue autor de numerosos libros, como Combinaciones y celadas en las aperturas, Ejercicios de combinación con finales brillantes, Táctica y sutilezas en las aperturas y los tres tomos del Tratado general de las aperturas.

Repasemos su actuación en los Juegos Olímpicos, en los que Palau siempre brilló.

En el grupo 9 de la clasificación en París´24 gana tres encuentros, empata uno y pierde el restante. Iguala la primera posición con el italiano Romi pero, como el argentino había vencido en el encuentro entre ambos, registra una mejor posición para el desempate, por lo que pasa a la final.

La secuencia en la preliminar fue la siguiente: comienza perdiendo con el suizo Johner, se recupera rápidamente con ese triunfo sobre Romi, empata con un británico, vence a un francés, y culmina su actuación batiendo al reconocido jugador checoslovaco Skalička, clasificándose para la fase definitiva.

En ella no le va demasiado bien, ya que sale séptimo (entre nueve jugadores), ganando dos partidas, empatando tres y perdiendo otras tantas, con lo que completa 3½ en 8. Comienza esa final con tres derrotas consecutivas, luego logra dos empates, hasta obtener el que sería uno de los éxitos más notables a lo largo de su carrera, ya que vence al por entonces joven y futuro campeón del mundo: el holandés Max Euwe. Culmina su actuación en París con un empate y otro triunfo.

Pese a esta discreta actuación en la final, dado que en estos Juegos todos los finalistas reciben medalla, como se dijo antes, Palau obtiene el primer bronce en la historia del ajedrez nacional (y continental).

En su actuación global en París, Palau redondeó una performance del 53,2 %.

En los Juegos de Londres´27, ya en la clásica modalidad por equipos, Palau juega en el cuarto tablero. Obtiene 9 puntos de 15, producto de siete triunfos, cuatro empates y cuatro derrotas, redondeando un 60% que lo convierte en el argentino que más puntos aportó en Londres.

Empieza con todo, con tres victorias consecutivas, una de ellas ante el fuerte jugador sueco Stolz. En la cuarta “muerde el polvo” ante Alemania, para luego recuperarse con un triunfo y un empate, para llegar a la séptima ronda, en el ecuador del torneo, momento en el que se produce su espectacular victoria ante el holandés Te Kolste, la que le valdría un premio otorgado por la Revista Mundial, publicación de la República Oriental del Uruguay.

Algunas crónicas suelen reflejar que Palau recibió el premio de belleza de los organizadores, pero ello no fue así, ya que las partidas escogidas, que compartieron esa premiación, fueron las de la victoria de Yates sobre Asztalos junto a la de Grünfeld sobre Euwe. Está claro que esas partidas se disputaron en tableros superiores –a diferencia de lo hecho por Palau en un lejano cuarto tablero–, por jugadores más reconocidos y, en un caso, protagonizada por una figura local.

Igualmente, la espectacular victoria de Palau ante el holandés no tiene nada que envidiarles a las otras oficialmente premiadas. ¡Muy por el contrario!

Luego de esa deslumbrante partida iguala con el valor húngaro Endre Steiner, gana otro juego a continuación, para luego caer en la décima fecha. Un triunfo, dos tablas y dos derrotas serían el cierre de su participación en los Juegos, con lo que parece haber perdido algo del impulso de la etapa anterior.

En los Juegos de La Haya´28, Palau juega de primero y de tercer tablero, logrando 10 en 16 (62,5 %), con nueve triunfos, dos empates y cinco derrotas.

Como primer tablero se defiende bastante bien, ya que gana dos partidas, empata una y pierde la restante. En el tercer tablero gana siete veces, empata una y pierde en cuatro ocasiones. Un hecho destacado es que Palau y Grau fueron los únicos argentinos que disputaron todos los encuentros de este torneo.

Comenzó bastante mal el maestro, ya que en las siete primeras rondas pierde cuatro partidas, gana dos y empata una. Pero se recupera espectacularmente con cinco triunfos seguidos (incluyendo uno en el primer tablero), pierde una más, tiene otras dos victorias y completa su participación con un empate.

En las tres pruebas olímpicas en las que Palau participó fue globalmente el más destacado de la delegación argentina. Podríamos decir que Palau, aun por encima de Grau, fue lo mejor en aquellos primeros años.

De 1924 a 1928, Palau logra 21 triunfos, empata en 10 ocasiones y pierde 13 partidas, logrando un 59,1 % de los puntos.

Después de alejarse unos años de la práctica intensa, vuelve a tener una actuación sobresaliente en el campeonato sudamericano que se celebra en Buenos Aires en 1935, donde ocupa el tercer lugar, detrás de Piazzini y Pléci, y aventajando a Guimard, Jacobo Bolbochán, Grau, Maderna, entre otros.

Sin embargo, ya no volvería al equipo olímpico en aquellos más avanzados años.

Martínez Estrada delinea el perfil de Palau del siguiente modo: “Luis Palau emanaba un don de simpatía cordial y sin reservas. Poseía ya esa virtud musical de ejecutante eximio del silbo, con que modulaba staccati de flauta mágica al tiempo que se acompañaba con toda una orquesta de codos, muñecas y yemas de los dedos. Practicaba un ajedrez filarmónico. La afinación precisa de su flautín labial coincidía con la exactitud de las jugadas, y hasta para mover las piezas y capturarlas obedecía a ese ritmo que le brotaba de todo el cuerpo. En Estocolmo (Nota: Es un error en el original ya que en esos Juegos Olímpicos Palau no fue de la partida) batió a jugadores de fama internacional. Fuera de los días solemnes, jamás se sabía cuándo estaba serio y cuándo con el diablo del buen humor, pues su rostro resultaba de un acuerdo cabal entre ambos estados de ánimo, y ni en las posiciones más tensas se estaba nunca seguro de si iba a dar un jaque mate o una serenata”.

Para Chessmetrics Palau tuvo su mejor momento entre los años 1935 y 1936 ya que en noviembre del primer año tuvo un ranking de 2.539 (era el 74 del mundo) y en enero de 1936 trepa al puesto 69 en la lista mundial, su mejor consideración histórica.

En 1965 la FIDE le otorgaría el título de maestro internacional.

(…)

En otro orden, y como un dato curioso, Palau, que era empleado público, durante el transcurso del torneo (Nota: El Torneo de las Naciones de Londres´27) fue ascendido en el escalafón, gracias a una acción de prensa impulsada por el diario Crítica.

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Ese medio titula: “Palau fue ascendido hoy” y subtitula: “´De peón pasa a ser alfil’, dice el ministro Molina”. La imperdible crónica, del 25 de julio de 1927,  reza lo siguiente:

La laboriosidad, contracción a sus tareas y relevantes condiciones personales del campeón sudamericano de ajedrez han recibido la recompensa que tardaba en llegar. El Ministerio de Hacienda de la Nación ha ascendido al peón de Aduana Luis Palau, durante su permanencia en Londres, desde su modestísimo cargo a otro más en consonancia con su preparación. Se ha cumplido así el acto de justicia que Crítica reclamó del doctor Molina, en una amplia nota donde comentábamos la situación injusta en que se hallaba nuestro bravo campeón de ajedrez, y recordamos al ministro de Hacienda una de sus habituales frases felices: ‘Y bien: si es peón, trataremos de ascenderlo a torre o alfil’”.

(…)


Pueden ver todas sus partidas ingresando al siguiente link


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Luis Argentino Palau: un peón ascendido a alfil
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