David Bronstein, creatividad y belleza en el tablero

Moscú, 1951. En la monumental Sala de Conciertos Tchaikowski, el campeón mundial Mikhail Botvinnik y su rival, un joven David Bronstein, disputan la última partida del maratónico match que, con el título del mundo en disputa, los enfrenta desde hace dos meses. Luego de veintitrés encarnizados combates en los que el liderato ha cambiado una y otra vez de manos, el campeón y gran favorito, ha conseguido empatar el marcador. En la presente partida, la veinticuatro, solo necesita unas tablas para retener su cetro. Bronstein lleva las blancas y la apertura de gambito presagia un combate a todo o nada. Sin embargo, luego de realizar su jugada veintidós, ofrece el empate, resignando su ambición de conquistar la corona. Durante años se ha hablado sobre este sorprendente desenlace y sus probables implicancias políticas, pues muchos sospecharon que el retador fue “presionado” por las altas autoridades de su país para evitar que derrotara a quien era el “niño mimado” y emblema del ajedrez soviético. Con el paso del tiempo, sin embargo, Bronstein mismo nunca admitió manifiestamente que tales presiones hubieran existido en concreto, pero sí que percibía en el ambiente un claro favoritismo hacia Botvinnik, lo que afectó su combatividad en los tramos finales del match. También declaró, más de una vez, que por esas fechas no estaba demasiado seguro de querer ingresar en el burocrático mundo de un campeón y por fin, muy acorde con su filosofía de vida, que se conformaba con haber demostrado que era perfectamente posible jugar de igual a igual y con un estilo absolutamente diferente, con quien era considerado una inconmovible estrella del ajedrez mundial…


Por Horacio Olivera

 

David Ionovich Bronstein nació en Ucrania, en 1924. Gran Maestro ya a los dieciséis años (el más joven para esa época) luego de haber alcanzado el éxito en varios campeonatos juveniles y logrado el segundo puesto tras Boleslavsky en el Campeonato de Ucrania de 1940, se sumó a la lucha por el  Campeonato Soviético hasta ganarlo en gran estilo en 1948, empatado con Alexander Kotov.

Ese mismo año se produjo su despegue en la arena internacional, con un brillante triunfo en el fortísimo Interzonal de Saltsjobaden, con un punto de ventaja sobre el húngaro Szabo y clasificando para el Torneo de Candidatos de Budapest a disputarse en 1950. En el mismo volvió a brillar y empató la primera ubicación con su colega e íntimo amigo Isaac Boleslavsky, dejando en el camino a figuras de la talla de Smyslov, Keres y Najdorf entre otros. En el match desempate, Bronstein emergió vencedor, luego de catorce partidas plenas de acción y virtuosismo ajedrecístico desplegado por ambos contendientes.

Bronstein poseía un estilo admirado por sus colegas y por multitud de aficionados en todo el mundo. Táctico de excepción, planteaba desde el principio, en casi todas sus partidas, posiciones de lucha, de iniciativa, no carentes de riesgo pero siempre complejas.  Cultor de esquemas y variantes olvidadas desde los tiempos del “ajedrez romántico”, revitalizó y empleó con suceso, por ejemplo, el temerario Gambito de Rey. Priorizando la belleza antes que el punto en disputa, en muchos juegos incluso evitó caminos fáciles hacia la victoria, en busca de jugadas que le dieran un placer estético, sin preocuparle el resultado final.

En vista de la victoria obtenida sobre Boleslavsky, David “Devik” Bronstein se convirtió en retador del “Patriarca del Ajedrez Soviético” Mikahil Botvinnik, consagrado campeón mundial dos años antes.

El “match” por el título se realizó en 1951 y el “challenger” estuvo a la altura de sus antecedentes, poniendo en serios aprietos a Botvinnik en su primer defensa de la corona y manteniendo la incógnita del resultado hasta los tramos finales del mismo. Finalmente, y tal como se detalla en la introducción de la presente nota, el encuentro terminó empatado y el campeón retuvo su título.

Si bien no descendió, a partir de allí, del “Olimpo” ajedrecístico, no volvió a tener oportunidad de alcanzar el campeonato mundial. Sus actuaciones fueron irregulares en cuanto a resultados, pero en resumen, ganó más de cincuenta certámenes internacionales sin nunca renegar del ajedrez espectacular que practicara toda su vida. Cuatro veces representante olímpico, en todas las ocasiones ganó medalla por su actuación individual. En el Interzonal de Petrópolis, en 1973, jugó la que sería su “inmortal”, cuando siendo ya un veterano de casi cincuenta años, derrotó al joven y ascendente yugoslavo Ljuboievic en una partida extraordinaria, con un inmortal sacrificio de torre de imperecedera belleza.

Las aportaciones e ideas renovadoras de “Devik” fueron muchas y algunas repercuten aún en el ajedrez de nuestros días. Fue el primero en propugnar, muchos años antes de que su idea fuera puesta en práctica por las autoridades, una aceleración del ritmo de juego, tan popular hoy en día. También y al igual que Fischer, creó un reloj diferencial, para permitir el otorgamiento de segundos adicionales por jugada e impedir la injusticia de la pérdida por tiempo de una partida ganada. En cuanto al juego mismo, abogó, entre otras modificaciones a las reglas, para que el peón pudiera retroceder, aunque sin la facultad de capturar o “apuñalar por la espalda” como él mismo decía.

Artista al fin, su mano maestra alcanzo también la literatura de ajedrez, siendo su libro sobre el famoso Torneo de Zurich 1953 (titulado en su edición en castellano “El ajedrez de torneo”) un invalorable tesoro literario de nuestro juego; en el mismo, analiza todas las partidas disputadas con un criterio diferente al conocido, resaltando, más que el análisis frío de las jugadas, el contenido de las ideas y valoraciones de cada juego. En “Aprendiz de Brujo”, una de sus últimas obras, repasa su carrera con una destreza didáctica impecable y digna de su inteligencia superior.

Crítico de los comentarios ajedrecísticos autoelogiosos de muchos de sus colegas, es muy interesante observar en los análisis de sus propias partidas, en variadas publicaciones especializadas, la humildad con la que desarrolla los mismos, siempre proclive a señalar sus propios errores y a explicar en ocasiones que tuvo suerte o que no supo prever jugadas de su oponente.

Siempre activo, en sus últimos años dedicó buena parte de su tiempo a “testear” los desarrollos de los programas informáticos que luego serían parte indispensable de la lucha ajedrecística.

Aunque querido y valorado por sus contemporáneos, David Bronstein no ha tenido el inmenso reconocimiento que hubiera debido esperarse en virtud de los grandes aportes que hiciera al ajedrez todo. Valga este humilde y brevísimo repaso de su carrera como un  homenaje de Ajedrez 12 a un verdadero titán de nuestro querido juego ciencia.

Bronstein falleció en Minsk, el 5 de diciembre de 2006.

David Bronstein, creatividad y belleza en el tablero
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