Carlos Torre Repetto: genialidad y leyenda

El enigma sobre Carlos Torre Repetto, extraordinario ajedrecista mexicano nacido del 29 de Noviembre de 1904, tal vez nunca sea definitiva y certeramente revelado. Retirado de la práctica del juego a sus muy tempranos 22 años y prácticamente recluído desde ese momento hasta su deceso, un aura de leyenda envolvió siempre los motivos de su decisión y solamente muchos años después, en un reportaje que dio desde el asilo en que vivió sus últimos tiempos, refirió sobre el tema algunos argumentos no del todo convincentes.


Por Horacio Olivera

Cuando su familia se trasladó desde su Mérida natal a New Orleans, en los Estados Unidos, ya se advertía en Carlos Torre su natural predisposición para el juego, por lo que lo pusieron bajo la tutela del conocido jugador Edwin Adams, quien se ocupó de orientar los primeros pasos del niño en el ajedrez competitivo. Antes de cumplir los veinte años, Torre había ganado ya tres fuertes torneos locales, lo que le dio la posibilidad (en vista de su evidente potencial) de comenzar a competir en el circuito de certámenes europeos. Debutó en esas lides en 1925, cuando ocupó, en el gran torneo de Baden-Baden que ganara Alekhine, la 10° ubicación entre 21 participantes, relegando entre otros a Reti, Spielmann y Tarrasch, lo cual no es poco. Y ese mismo año acudió a participar en Marienbad , donde sorprendió con un cuarto puesto empatado con el varias veces campeón norteamericano Frank Marshall, y dejando en el camino a figuras consagradas como Tartakower, Reti, Yates y Janowsky. Luego de estas muy meritorias actuaciones, el jugador mexicano se presentó en el poderoso Torneo de Moscú 1925, en el que nuevamente realizó una actuación consagratoria, alcanzando el 6° lugar entre 21 de los mejores jugadores de la época.

Ante esos logros a sus escasos 22 años, resultaba obvio que el mundo ajedrecístico estaba en presencia de un candidato a representar el recambio generacional en la élite. No otra cosa podía esperarse de ese muchacho parco, algo tímido y de aspecto frágil, que se enfrentaba de igual a igual con jugadores de la talla de los campeones Capablanca, Alekhine y Lasker. Por lo demás, a este último le había ganando en Moscú una partida que dio la vuelta al mundo y aún hoy es ejemplo en cualquier manual de táctica: la maniobra del Mate del molino.
Sin embargo, no fue así, y aquí comienza el enigma del que habláramos al comienzo.
Al regresar de Moscú a los EEUU en 1926, luego de algunos avatares con el visado y previo paso por su México natal, donde ganó el Campeonato nacional, Torre participó en el Torneo de la Western Chess Asociation, en Chicago. Allí, según cuentan algunos cronistas de aquellos tiempos, el mexicano comenzó a notar una atmósfera xenófoba y hostil hacia su persona y algunas actitudes conspirativas de jugadores y organizadores para evitar que ganara el certamen, atribuido por algunos a su viaje y estadía en la Unión Soviética, un país claramente “antiyanqui”. Por ese motivo efectuó reclamos y jugó bajo persistente presión, alcanzando el segundo puesto al finalizar la justa. Pero parece que no conformes con lo ocurrido hasta allí, el premio en efectivo que le otorgaron fue sensiblemente menor a lo que estaba establecido, por lo que el jugador habría estallado en una crisis de nervios. La policía intervino en la ocasión y no solo trataron al maestro con violencia física desmedida, sino que le habrían aplicado un tranqulizante en dosis excesivamente altas, lo que le provocó un daño cerebral irreparable.



Otros historiadores relativizan estos hechos o ponen en duda su veracidad, atribuyendo a una verdadera crisis de su sistema nervioso que derivó en una enfermedad mental, el retiro definitivo de los tableros. Aún más, muchos de quienes sostienen esta teoría, adscriben a una leyenda muy popular en el mundillo de las curiosidades ajedrecísticas, pero sin ningún asidero documental, que da cuenta de un Torre absolutamente desquiciado subiendo desnudo a un tranvía en pleno centro de New York.
Muchos años después, en una entrevista que concedió en 1975 al periodista Alberto Cámara Patrón, mientras se encontraba recluído en un asilo y poco tiempo antes de su fallecimiento, un muy lúcido Carlos Torre Repetto, además de comentar varios aspectos de su vida y de la situación del ajedrez de ese momento (de lo que estaba muy al tanto y realizando permanentes análisis de las partidas de Fischer y otros consagrados), comentó que su retiro de la práctica activa se había debido, únicamente, para ayudar a su hermano en un negocio de farmacia que había inaugurado por ese entonces…
Como fuere, que un jugador como él se haya retirado tan joven de las competencias, fue una irreparable pérdida para el ajedrez. Con solo una decena de torneos jugados, pero con lauros inimaginables para tan corta experiencia, es imposible saber, aunque muy fácil suponer, las alturas que este legendario ajedrecista azteca hubiera podido alcanzar en el concierto mundial de nuestro juego.


 

Carlos Torre Repetto: genialidad y leyenda