José Raúl Capablanca

Cuando los genios se odian

Cuando los genios se odian

Dusseldorf, 1908. Con su proverbial elegancia y altanería, Tarrasch cruza a paso vivo el lobby del hotel, dirigiéndose hacia donde divisa a Lasker, sentado en un cómodo sillón, fumando un puro. Se le acerca y sin mediar saludo ni cortesía alguna le espeta con voz vigorosa: “Ich habe nur zwei Wörter für Sie: Schach matt!”